martes, febrero 13, 2018

Notas sobre la experiencia poética (fragmentos)


La prueba negativa de que la poesía fue alcanzada: nadie, en un principio, o casi, lo nota. El poema que se hizo poema verdaderamente se lanza demasiado lejos a sí mismo, por delante de aquellos que son los primeros en leerlo. No lo escuchan. O muy poco. Ese poco es todo el poema para ellos. De ese poco, ¿qué tendrían que decir? Si lo escucharan... Pero hace falta tiempo.


*


Rara vez un poema leído resuena en su plenitud. Los poemas absolutos escapan a la escucha, muy poco aguda todavía. Se desvanecen. Viven, para nadie, más lejos —más allá de la escucha indigente.


*


La poesía, hoy. No requiere, como no requirió ayer, buscar los "sufragios humanos" o adoptar los "impulsos comunes". Ni siquiera le es preciso "desprenderse" de todo ello. Ya lo ha hecho —abandonada, olvidada— desde hace tiempo. Confundida entre todos sus facsímiles, sepultada bajo falsas representaciones. ¿Entonces? No tiene más que aceptar esta condición. Trabajar ahí donde le acontece deber hablar. Y ahí, decir su palabra, decir su decir sin inquietarse por aquello que no se inquieta por ella. Solo esa radicalidad sigue siéndole posible. Jugarla a fondo. Sin la menor reticencia, sin el menor condicionamiento, sin la menor duda en sentido alguno. Convertirse, poeta, en aquello que en otras épocas de mutación profunda fueron aquellos que llevaron hasta la orilla contraria, hacia una tierra futura, contra la voluntad de todos, una carga preciosa (esa piedra de molino de aceitunas, en San Antonio, que los colonos catalanes ¿o canarios? llevaron desde España en el siglo XVII, supongo que junto con los brotes de olivo que habrían de plantar en el país por venir del que ignoraban todo, empezando por ignorar si el olivo germinaría).


*


La obra debe hacerse de tal suerte que, al atravesarse, abra horizontes más allá de sí misma y, de golpe, sea olvidada. Son demasiadas las obras que no buscan sino captar y encerrar a su lector en el espacio que suscitan: ejemplarmente, la novela. Pero, de la misma forma, demasiados poemas. Toda gran obra se abre más allá de sí misma: Rimbaud, Mallarmé ("excepto / tal vez..."), Baudelaire ("Al fondo de lo desconocido..."), hacia lo desconocido, que es de donde llegaron.


*


Escribir exige silencio y soledad. Lejos de los espacios sociales y económicos de la institución literaria. De sus irrisorias payasadas y de sus feroces intereses. Escribir por la cosa en sí misma, no por su representación en el sitio que sea. Única posición posible, hoy en día: la "acción restringida", más que nunca. Sin tener siquiera la esperanza razonable de cierta posteridad. El "erizamiento de frágiles espadas" ya no atañe a nadie. Como nunca, la existencia en busca de la plenitud de posibilidades está fuera de representación, reducidos como estamos a la posición de los letrados chinos que pintaban, escribían, cantaban o se hacían un jardín: resumen del mundo, más mundo que el mundo, retirado del "mundo de polvo". Al menos existía un mundo, o en ese mundo tenían —o habían tenido— una función. Un mundo del cual podían apartarse.


*


El riesgo corrido solo atañe a quien lo corre. Es inconveniente dar, sobre la página, el espectáculo del riesgo, que comporta por lo demás su propia —inmediata— sanción: ya no es el riesgo, sino su representación. Irrisoria. Resultado solamente del riesgo corrido, el poema es lo que se muestra. Del riesgo no queda nada, de no ser él mismo como riesgo que se corrió, se mantuvo y sobrepasó.


*


...escribir —no lo que fue, después de haber sido, sino lo que ocurre en el instante en que ocurre, cuando no, en los mejores casos, lo que todavía no ha tenido lugar: entonces la palabra, todavía ignorante, se impulsa desde sí misma rumbo a aquello que, dándose al conocimiento, le permitiría conocerse.


*


Figuras recurrentes, cuyo origen está oculto: les ocurre que, para aparecer, se dan a sí mismas una apariencia que parece conocida: máscara de lo que, algunas veces, podrá, quizás, revelarse. O nunca se dará a conocer. Así de lejos vienen, formándose, en el camino, de nada de lo que podamos saber.


*


Digo la experiencia de lo que digo.



Franc Ducros
Desapariciones seguido de Notas sobre la experiencia poética
Traducción: Luis Vicente de Aguinaga
Bonobos, 2017.

martes, febrero 06, 2018

Cuatro poemas de Hannah Arendt


[Sin título]

Cuando declina la sobretarde
llegando al umbral del anochecer
todavía no es de noche,
todavía alza su vuelo el pájaro,
todavía se estira el árbol.
Pronto soplarán más fríos
la noche y el sueño.




[Sin título]

Esta fue la despedida.
Algunos amigos se vinieron,
y el que no se vino había dejado de ser amigo.

Esta fue la velada.
Vacilante retardó el paso
y sacó nuestras almas a la ventana.

Este fue el tren.
Midiendo el país en volandas
y deteniéndose por la angostura de alguna que otra ciudad.

Esta es la llegada.
El pan ya no se llama pan
y cuando el vino lo nombramos en lengua
       extranjera la conversación ya no es la misma.




[Sin título]

Viene lo antiguo para volver a darte escolta.
No le vuelvas el corazón ni te dejes cautivar,
no te quedes, despídete del tiempo,
y conserva, sí, tu agradecimiento y tu arrobo,
pero no dejes prendida la mirada.



Parque junto al río Hudson

Pescadores pescando en silencio en los ríos
del mundo entero.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
alrededor del mundo entero.
Niños correteando, madres llamando,
el mundo es espléndido.
A veces una pareja de amantes
se pasea por el mundo.

Pescadores pescando en silencio en los ríos
hasta el anochecer.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
apresurándose a la muerte.
Niños, dichosos al sol,
jugando a la eternidad.
A veces se pasea una pareja
en compañía del tiempo.

Pescadores pescando en silencio en los ríos:
la rama cuelga solitaria.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
sin descanso hacia el descanso.
Niños jugando, madres llamando,
casi hay eternidad.
A veces se pasea una pareja
cargando con el peso de los tiempos.




Hannah Arendt
Poemas
Traducción: Alerto Ciria
Herder, 2017.

domingo, enero 21, 2018

Cómo hacer versos (fragmentos)


Una vez más lo repito categóricamente: No conozco regla alguna capaz de convertir a un hombre en un poeta ni tampoco de llevarlo a escribir versos. Esas reglas no existen. El poeta es justamente el hombre que crea las reglas poéticas.

[...]

La Revolución lanzó a la calle el tosco lenguaje de millones de hombres; la jerga de la periferia y de los suburbios se infiltró en las avenidas del centro; el delicadito lenguaje de los intelectuales con sus palabras castradas como: "lo ideal", "los principios de la justicia", "el principio divino", "la imagen trascendental del Cristo y del Anticristo", todas estas expresiones susurradas en los restaurantes fueron barridas de golpe.

[...]

Los viejos manuales para escribir poemas no lo consiguieron. Allí solo se describen los métodos consagrados por la historia y por el uso. Estos libros deberían titularse Cómo se escribía y no Cómo se escribe poesía.

[...]

Al tomar conciencia de todo esto deduje algo que se podría considerar como una regla: para trabajar en una obra poética es indispensable cambiarse de lugar o de tiempo, es necesario un distanciamiento.

Como en la pintura, por ejemplo, cuando se dibuja un objeto es necesario alejarse a una distancia tres veces mayor que las dimensiones del objeto. Si no se hace esto será imposible ver qué se pretende pintar.

[...]

Si quieres escribir sobre un dulce y sereno amor, toma el autobús no. 7, desde la Plaza Lubianski hasta la Plaza Noguine. Hay tantos baches y terribles vaivenes que no se tarda en sentir la nostalgia de los encantos de una vida apacible. Los baches en el trayecto son indispensables para poder hacer la comparación.

[...]

Se puede, por lo tanto, concluir una lección de todo esto:

Uno, dejemos de delirar con los cuadros épicos porque, en cuanto nos peleemos en las barricadas, nos dejarán el cuadro hecho pedazos.

Y dos, el material real de ahí el interés por las crónicas de los rabcors–, debe, durante la Revolución, considerarse superior o, al menos, al mismo nivel de lo que llamamos "poesía"

Una prematura poetización no hace otra cosa más que castrar y desfigurar el material. Los manuales poéticos tipo el de Chengueli son nocivos porque no toman la poesía del material real,  se desentienden de la esencia de los hechos, no los condensan hasta el punto de obtener de ellos la palabra comprimida, condensada, precisa. No hacen otra cosa que aplicar una u otra de las formas antiguas sobre un hecho nuevo.

[...]

El ritmo es la fuerza esencial, la energía primaria del verso. Es inexplicable. De él apenas podemos decir lo que se dice del magnetismo y la electricidad; son dos formas de energía. El ritmo puede ser idéntico en varios poemas y el mismo en toda la obra de un poeta; hecho que no la tornará monótona, porque el ritmo puede ser hasta tal punto complicado, puede ser tam difícil darle forma que nunca se llegue a conseguir, ni tan siquiera a través de varios largos poemas.

[...]

Por supuesto que no es necesario hacer continuamente aliteraciones rebuscadas ni rimas nuevas. Recuerda siempre que la economía en las artes es vital para la composición de los valores estéticos. Por eso, una vez realizado el trabajo básico al que me refiero al principio, ya están cubiertas muchas de las estéticas del espacio y al atenuar los pasajes más estetizantes y pomposos les estamos dando más brillo a los demás.

[...]

Los medios técnicos en el trabajo con las palabras son infinitos. Es inútil hablar de esto porque, como ya he dicho aquí varias veces, la base del trabajo poético consiste justamente en la invención de esos procedimientos, que son precisamente los que hacen de un escritor un verdadero profesional del verso. Los talmudistas de la poesía probablemente  pondrán caras al leer este libro porque a ellos les gustan las recetas poéticas como ésta: Coja un contenido, déle una forma poética –yambo, coro...–, rime las terminaciones de los versos, cárguelos de aliteraciones y forme una imagen. El poema está listo.

Esto es como hacer punto de cruz, menos mal que este tipo de costura siempre acaba en el cubo de la basura de las editoriales.




Vladimir Maiakovski
Cómo hacer versos
Traducción: Ismael Filgueira Bunes
Mono Azul Editora, 2009.

domingo, enero 14, 2018

Poluphboisbos


1

Contemplo el mar qué puede decirme
Este océano helado con sus gaviotas
Planeando por la playa & sus niñas

Rubias de anteojos ahumados saltando
Entre los charcos por ellas mismas cons
Truidos a la luz de parejas amantes

Paseando por la vera acuática con
Dorados cuerpos elásticos qué línea
Del horizonte traza su lejanía tan

Linda detrás de la blanquísima espuma
De las olas del fondo reventando para
Finalmente desaparecer en la inmensa

Cantidad líquida desdobladas en
Novísimas olas que llegan hasta
Esta orilla donde vuela otra gaviota

Solitaria en el rebrillo de los tubos
& las crestas de un verde tan claro
Mientras la muchacha de bikini celeste

Se suelta la cabellera semejando
La Nascita Pound dixit en la más
Amplia luz que la divina resolana

Nos concede Azur del Señor




2

El mar sigue diciendo no sé qué
Pero me sigue hablando de sus frescas
Ondas subiendo & bajando cuando

Entro en sus aguas procelosas con
Un ritmo inmortal las olas recrean
La canción marina atrabiliaria pare

Cida a una diosa de contornos muy
Sensuales la hermosa mar se
Despliega con sus mantos refulgentes

Juguetea cual infante en el borde
Iluminado por el sol impreso a la
Arena húmeda allí donde las horas

No avanzan sino esperan el
Silencio de la noche con su solo
Resonar de oleaje ya olvidado

Mas yo puedo recordar las playas
Del norte del Perú dormilonas
Pendientes de sechuranas recostadas

En Matacaballo o preciosas pitucas
De Colán mares calientes que
El Señor guarda entre las fotos

          Del Perdón




3

Alegría de llevar de la manita a
Su niño chiquito por vez primera
A los bordes del mar sobre la

Orilla dulce como la más fresca
Brisa por la infancia deseada
Van & vienen las chicas del

Océano   recogen su bote de plástico
& la voz sonora de las olas
Llega hasta el poema & lo convierte

En canto música que sólo yo es
Cucho por su belleza de mujer cami
Nando frente a mi contemplación

Marina en espera de la próxima
Marea que ha de llenar mi corazón
A solas en el solaz de todos modos

De la infinita paz sumida en el frío
Clima   de pronto desvanecido el ardor
Del sol teenager cómo hacen las olas

Para persistir tan raro sin parar
Rompiéndose entre ellas perdidas
Seguramente por un amor que se

           Perdió




Roger Santiváñez
Asgard & otros poemas/Balara
Dharma Books, 2017.

domingo, enero 07, 2018

Una vida en refrigeradores


I

Por alguna razón, el primer refri,
quizás por el vapor del keroseno,
es color nicotina. Por eso bufa.
Al acercarme, mi nariz se tapa
y siento un poco de asfixia
y dejo de respirar
detrás de mi garganta.
El espacio para los alimentos semeja
a una pequeña alacena.
Es necesario que mi padre y dos hombres más
lo saquen de la cocina.



II

Compramos el Pope. Es blanco y eléctrico
y tiene un compartimento para congelador. Paso el tiempo
abriendo la puerta para sentir el compromiso
y la ruptura de la manija.
La frase cierra la puerta se vuelve
cotidiana. Empieza una
larga cadena de explosiones,
la detonación espumosa
de botellas de cerveza. Cubetas de helado
y escarcha habitan el espacio junto con el olor blanco
de las cubiteras de aluminio.



III

En un año de abundancia llega el refri de dos puertas,
único por su mantequillera, cálido territorio
en la relumbrante limpieza. Tiene huevera,
una bandeja para carne. El congelador es más espacioso
para enfriar tarros de cerveza.
Un día estoy limpiándolo
y rompo la balda abatible de la mantequillera.
Desde entonces, la puerta rota se burla de
mi torpeza.



IV

Al dejar la casa paso dos semanas sin refrigerador,
mientras tanto en el de alguien más una vieja nevera
gotea, como la vida adulta, mientras la transportan
a la cocina de la avenida McEvoy. Al principio está vacía
y tose mecánicamente, un
temblor nocturno, como si soñara
olvidar cómo se respira, entonces el motor se relaja
y comienza a andar.



V

En un departamento amueblado en Norwood, la puerta del refri
tiene un frasco con mezcla de albaricoque,
color turquesa por tanta semilla. Abandonado
se fermenta en un luminoso caroteno,
precoz se añeja en alcohol. Hecho por mí.



VI

Calle Stafford 22A, tres habitaciones
una seguida de otra, un seminuevo sin el lujo
de un pasillo o un refri. Emeric del 22
me visita, no deja de hablar de un Canuk. Mientras
batallo con mi primera masa fermentada, él sufre un paro cardiaco.
Llamo a la ambulancia para no resucitar sus labios azules.
Tanto él como la masa se recuperaron.
Mientras está en el hospital, exhumo su refrigerador,
lo instalo en mi cocina, remuevo
de su pecho vacío la chuleta gris
causante del infarto. El olor a chucrut permanece.



VII

Con el tiempo aprendo cómo lo frío estruja
al agua en el aire, miro el cambio de la nada a hielo,
observo la ineficacia del sistema aislante de frío directo.
Soy aprendiz del descongelamiento, estudio sus flaquezas
con cuchillos de mango duro y fuertes láminas de hierro,
destilador conectado, cauterizador, cordeles húmedos de algodón
para hacer crepitar la escarcha. Lo combato con cacerolas de agua hirviendo,
uso secadoras de cabello e instrumentos con punta chata,
limpio con un par de esponjas de secado rápido
y exprimo los trapos de cocina, el granizo de las viejas toallas de baño,
y el placer de cavar el techo del congelador,
el lavaplatos es una geografía del deshielo en peltre blanco.



VIII

En un departamento sobre una tienda en la calle King William
vivo yo, alejada del mundanal.
A uno de mis dos amables amigos le salió una hernia
mientras cargaban el peso muerto del refri
al subir unas escaleras de madera tipo Marlene Dietrich.



IX

Un joyero blanco con material biológico sospechoso
cuyo exterior tiene una pizarra para la palabra del día
y pseudónimos, p. e.: fanfarrón,
Hugo-cara-col-ito, el pez que baila vals,
sobre el piso de la cocina alfombrado con termitas.



X

Ser adulto en Darlinghurst
es comprar un refri en la tienda antigua
de electrodomésticos en la calle Oxford. Un día encuentro,
en una meseta coronada de polvo y recibos,
dentro de un frutero, un plátano
tan negro y espeso como cerveza oscura.
Me mudo semanas después.



XI

El refri que habita en Newtown chirría
al chico que tiene su propio estilo para picar alimentos,
pero algo va a cambiar: al mudarme
el aparato se convierte de pronto en un extraordinario
y complejo desconcierto de comida, de vegetales
y quesos, codorniz, panceta, cangrejos areneros,
chutney de limón caramelizado, gordos círculos
de pastel de chocolate con whisky, sauvignon blanco y hielo picado
para mezclar con Cointreau, y en días festivos
el baño se convierte en un congelador.



XII

Al llegar a este departamento me siento atraída por el frigobar
y lo abro en cámara lenta
aunque mira mi intrusión.
Me agacho como Alicia, mis ojos son Polaroids, incluso ahora puedo ver aquel iceberg de lechuga
y el paquete de raviolis congelado marca Latina.



XIII

La vida es un revés, también el refri.
Un bebé más y el congelador se llena de botellas amarillas,
su mosaico de fractales de hielo irradian en tenues rayos. Después
de que la primera prueba de embarazo sale positiva, cada día las acumulo en una pila
(la tasa de flujo no se da por episodios), permanecen congeladas
-salvo la primera-, ninguna otra de esa ordeña es usada.
Las repisas del electrodoméstico parecen inestables,
me vuelvo hábil para atrapar el montón de tarros y tuppers
que se resbalan, los sostienen brazos, pecho y rodillas,
hacen lo que pueden para sobrellevar estas sorpresas.



XIV

Llegan los imanes, los primeros son las veintisiete
letras del pinche alfabeto, las cuales recojo
mil veces a la semana,
luego una vaca de madera, una chuchería en forma de fruta,
los rectangulares con los números de plomeros y
exterminadores, toda clase de manifestaciones atractivas
como dibujos, fotos, listas del súper
en un perímetro cuadrado que ajusta gravedad, superficie
y profundidad del terreno contra ellos.



XV

En una cascada de infortunios y consumismo, un megalitro
de HCFC del depósito del dispensador de hielo cae como plomo -afila
sus dientes, entrelaza sus engranes y expulsa cubitos idénticos-; tiene la opción
de moler hielo estilo vintage.
En su interior hay una sobrepoblación de deshechos, un montoncito de alimentos,
hay de todo: tres tipos de yogur, cinco de chutney,
seis variedades de quesos suaves, el trayecto de la Tardis a través de la materia oscura,
el tiempo y la comida. Y también está el refri de Boyle, como los artículos
que requieren refrigeración gaseosa para dilatar y llenarlo.
Es magnético, pluralista y anterior a que las puertas
giraran para abrirse. El exterior es una documentación pública de la vida familiar;
sobre su interior, pido a las visitas no abrirlo,
es como mi inconsciente, tiene cosas bonitas
y otras que no querrían conocer.
A manera de ejemplo, el término cajón de verduras
es un oxímoron, levanto cuidadosamente una calabacita aguada,
ligeramente amarilla y espumosa, le tomo una foto y la pego en la puerta.



Carol Jenkins
Fishing in the Devonian
Puncher and Wattman, 2008.
Traducción: Lorena Huitrón Vázquez
Versión cedida por la traductora para Nueva Provenza.

jueves, diciembre 07, 2017

Dos poemas de Brane Mozetič


Un chino joven me explica a Derrida,
se tambalea con un vaso en la mano. En realidad
he estado observándole antes y preguntándome
sobre su sexo. Le saco una cabeza, es menudo,
con sombrero, como si saliera de una película
de gánsters, en serio, parece que escribe guiones,
podría ser una lesbiana. Se me ha acercado él,
¿cómo se le ha ocurrido sacar un tema así,
tan febril como está? El bar Palačinka, pasando
el barrio chino. Me monto escenas,
el guionista se pierde, otra vez aparecen rostros,
camino de noche por las calles atestadas.
Me parece que todo esto lo he visto ya en la pantalla.
Ahora viene, claro, un desfile de individuos
deformados, trastornados, con llagas en los rostros
arrastrándose por el suelo. Secuencias que
siempre hay que recortar. Me veo a mí mismo
sentado en una bar y no puedo creérmelo.
Sirenas de policía, bomberos, banderas,
letras pasando rápido, créditos del final
y oscuridad.





Viernes es el día en que piensas en
la muerte. Por eso tienes que salir, harto de los dolores,
tormentos, ese masoquismo, los choques
incesantes contra la pared. Colocado y
pedo vas de club en club. Apenas
sabes a quién besas. Las caras se
difuminan. Sientes ganas de llevarte
a alguien a casa, pero lo olvidas enseguida.
Te para la policía y te dice que
estás borracho y que tienes que seguir a pie.
Tus hermanos en esta locura te arrastran al antro
siguiente donde sigues drogándote y bebiendo.
Todo está oscuro. Han bajado las persianas,
y esperas que mañana no llegue nunca.





Brane Mozetič
Banalidades
Traducción: Marjeta Drobnič
Visor, 2013.

martes, noviembre 21, 2017

Cuatro poetas finlandeses


59 pasadores metió el marido en la tumba de la mujer
con un pasador entre los fuertes dientes
la vio el marido en sus recuerdos
la vio arreglándose
el peinado

Helena Sinervo (1961)




El parabrisas y Dios (fragmento)

Aunque se rompió
entre mí y el cielo
el último obstáculo,
algo quedó

a medias: tuve que
quedarme aquí, detrás
del parabrisas roto
y recordar,

demasiado. Pasó un rato
largo, volví a entender
lo dicho, el radio siguió
charlando. Tuve

que mirar la roja
huella fugaz
en el poste y dejar
un mensaje en la contestadora.

Jyrki Kiiskinen (1963)





La compañía de los santos

Iba yo a ponerme a escribir un poema
largo, en el cual se divisan dentro de ti

los prados de Irlanda, verdes como el mar,
y los altozanos, pisados, completamente investigados

por Joyce y Heaney. Pero la idea
de que el teléfono sonara traería el poema a la vida,

al cuarto, o el recibo de la luz caería
sobre las rayas de la alfombra vestibular,

sobre las despedidas borradas por tantas plantas de pies
lo impidió. No obstante todo es música y poesía,

la espera de la hermana. El más eterno tema
cavado en la mente, ondeando allá. El cielo

nublado, gris de hierro, como estrofa
perdida de los poemas tardíos de Ajmátova,

a los que la memoria de nadie puede alcanzar.
Llena de vida que se lleva todo volando,

allá lejos, sobre el bosque de abetos.
Confusamente, como el pelo despeinado de Brodsky.

El viento, las ramas. Todo el enigma que se queda
igual, solo un poco, apenas,

           sin cambiar de lugar.

Jouni Inkala (1966)





narcosis

durante la anestesia
el pez-linterna iluminaba la tumba del mar profundo
cuando fue arrancado a la superficie, no soportó
el cambio de presión y reventó
sus pensamientos rojos prorrumpieron
salieron hechos espuma

el corazón lavado y seco, hielo en los pulmones
en el pecho un frío de siete grados bajo cero
se incorporó en medio de la operación
y dijo: "he visto
cosas horribles"

nadie había llegado nunca a tal profundidad
por las heridas de un octogenario
explosiones en la trinchera, pero el soldado ruso
caminó derecho a él
carecía de un pómulo, le faltaba parte del cráneo
la música se desprendía en el frío
como vapor de réquiem de los centenares de muchachos muertos

después de la intervención
los murciélagos dificultaban la comida
los compañeros de cuarto iban a ejecutarlo
hubo intrigas en el hospital: decidió llevar
sus excrementos a análisis
(lo estaban envenenando)

"fue una locura aquello"
reconoció más tarde
en sus ojos aún tenía esa mirada de vidente de espíritus
con la que había iluminado el fondo de los abismos del infierno
afuera la nieve había cubierto
cada lugar sombrío de la tierra, tranquilamente palpitaba
el limpio corazón operado

Markku Paasonen (1967)





Habla la luz con voz de corneja. Antología de poesía finlandesa actual
Selección y traducción: Jukka Koskelainen y Tarja Roinilla
Conaculta, 2003.

sábado, octubre 21, 2017

Tres poemas de Mariela Dreyfus


Gladiolos y alhelí

Papá cree que sentado ante la tumba de mamá
ellos conversan. Le lleva flores despliega
su sillita le cuenta de sus días sin ella tendida
bajo tierra él la imagina idéntica como antes
no quiere ver el paso de las horas es insólito
el modo en que los vivos se ligan a sus muertos
papá cree que ella incluso puede oírlo y si cierra
los ojos así dice es como si escuchara un vientecillo
soplándole una frase yo creo que es más lógico pensar
que mamá le habla en sueños allí donde la ve de nuevo
en la elegancia de sus radiantes veinte la cintura aún
no transformada por los partos llevando alegre digna
el traje azul de brillos que luego colgaría en el armario
como recuerdo de algo muy preciado una noche feliz
de carnaval donde bailaron juntos toda una madrugada
y el tiempo fue redondo como el tango en ese baile
hablaron de lo eterno y ahora papá sabe que no hay
mejilla tibia la oquedad es un frío sentado allí
al borde de la losa riega las flores pliega su vieja
silla se santigua cuenta aún el plazo que le falta
para danzar con madre sin soltarla.





A media tarde

La eternidad se escribe en una servilleta
en la penumbra de un bar que huele a cerveza y orín:
pasa de mano en mano el papel manteca su áspera textura
recibe nuestras líneas nutricias como un río.

Semiótica del gesto: tú y yo rozándonos rodillas apretando
la pluma el dedo el diente: qué confesar aquí, bajo la mesa,
ante la grasa el humo y esa gracia que de pronto nos vuelve
ajenos al barullo y lo precario, soberanas mascotas
jugueteando guardando en cada ángulo del papel encerado
este secreto escupiendo palabras grito obsceno:
¿no se construye así el amor o sea el poema?

De materia inflamable el corazón que se enlaza en el otro
y juntos laten y posan para el cuadro ("Las dos Fridas")
y con las uñas rasgan con las yemas circulan
agitadas pulsiones.

Y ya no importa si tú y yo nos hemos definido eso que
fluye, ciegos de otros de nosotros mismos furtivos devotos
de una tarde.




Rapsodia para un parque amarillo

A Bruno, Dalmacia y Roy

he de volver al mismo parque siempre
chalina azul y zapatillas negras
en el bolsillo derecho algo de lumbre
en el izquierdo un hilario de grifa un
hilo que solapa aspiraré a buen recaudo
de la policía y a mi lado otro aliento otros pies
otros muchachos somos varios aquí en el mismo
parque el humo nos congrega y nos redime
de la tarde de niebla del silencio que brota
anémico en medio de las hojas lábil emocional
tengo mi tribu de solitarios que como yo llevan
un libro deshojado bajo el brazo una flauta
melodiosa unos acordes en mi saga hay siempre
algo de música algo triste pero ellos me escuchan
y a lo lejos un perro viene raudo
un pastor alemán que está jugando y hemos
lateado el parque un par de veces
dos pitadas seguidas boto el humo y en la
banca de verde esa mujer con su traje de
seda o muselina el periódico lee las noticias
una tarde cualquiera algo se enciende y es el
sol de las cinco y es un fuego que nos dora a
los tres o más bien quema una fábrica inmensa
y mientras tanto hacemos que bromeamos pero
en verdad quiséramos igual que lucho hernández
otra cosa inyectarnos en contra de este miedo de
la vida que sola va y a veces también arde así
como esta tinta sobre líneas tan finas que dibujo
un pentagrama donde marcar el ritmo la cadencia
que me nace por dentro mis amigos me abrazan y
celebran mis bluyines y también mi sonrisa soy yo
la que paseo en esta tarde la que incendia praderas
vidrios rotos soy yo la que rasguea estas cuerdas
la que pide y se dice y contradice pero siempre
regresa al mismo parque con los ojos de lince y
los muchachos y el poema que da la media vuelta




Mariela Dryefus
Cuaderno músico precedido de Morir es un arte
Amargord, 2015.

jueves, septiembre 21, 2017

Tres poemas de Haroldo de Campos


enigma

la reina nefertiti
labios de diseño perfecto
perfecta la línea de la nariz
cutis bronceado por los rayos
ultravioleta de aton-ra el sol
exultante de egipto
una elegante tiara trapezoide
azul-grafito
coronándole la frente
sobre una cinta de oro
(y dejándose aun trazar
por otra banda áurea
con engastes rojo-zafiro
y el símbolo--dorado siempre--
del poder real: el cetro
verticalmente inscrito
de doble asa)

su
cuello delgado de modelo de dior
ornado por triple hilera de collares de color
las cejas y los párpados
delineados con meticuloso
trazo de rímel-negro
por hábil mano maquilladora

y nos mira
la reina nos mira
(porque la miramos)
impasible:
casi-sonrisa en la carne
turgente de los labios
nos fija la pupila
castaño-verde
del ojo izquierdo

el derecho
fue cegado por el tiempo miliario:
se albea en el yeso
mirando en blanco o nada
desde dentro de la moldura
oval-almendra
del rímel

su enigma está ahí--
en ese blanco desvariado
que turba hace (¿cuántos?)
siglos en el semblante
irretocable de la reina

berlín 14 oct. 1998





la tirada de dados de monet

con monet
la pintura se transfigura
se transpintura
se ruptura:
                  colores
                  ese ovillo abisal
                  de colores donde un
                  sol puede estar
                  susurrando luz
                  en la tónica de la
                  palabra nenúfar
                  o declinando la sombra
                  áureo-saturnia de ese
                  otro (sí mismo) nombre
                  floral: nelumbo
                  todo eso viniendo a
                  ser una
                  azul pantera sub-
acuática
                  cuyo rugido emerge
                  como si enjaulado
                  en la cámara de ecos del
                  morado del violeta del
                  cianuro del
                  cidro-blao
                  metileno: turquesa tirando a
                  ónix de tan turbia
                  hasta el verdeazul
                  más suave aquí
                  (suave) hasta
                  enzafirarse

ruge la pantera sumergida
y lo que aflora
es la colmena explosiva
de las ninfeas
en tinieblas nocturnas o
ya alboreando rododáctilas
al toque punzó del
agilísimo pincel capaz de estrías
de vénulas de tachas
de borrones tempestuosos
y movientes
                   ¿monet septuagenario?
                  --plus quam:
                  ¡octogenario!
                  bajo un amplio sombrero alón-
                  -quitasol
                   gigante barbiblanco
                  --el ojo convaleciente
                  de expulsar una catarata ne-
                  vosa--
                  es uno que puede
                  mirar de frente al sol
                  y repartirlo
                  (como la pupila aquilina
                  que no se esblanca
                  al encarar
                  la rojiza combustión del astro
                  helio-fogoso)
                  y repartirlo en
                  parterres de flores-
                  -colores en su
                  jardín (no col-
                  gante) de givenchy
                  edénico donde
                  pasando el puente de
                  bambú el maestro
                  (él)
                  juega su juego extremo--
                  se bate
                  armado de un puñal--
                  pincel en prisma--
                  contra lo oscuro
                  la inmanencia de lo oscuro
                  la negreciente oclusión del
                  no-color
                  y en el transcielo entonces
                  inscribe la nueva
                  constelación (entre la osa
                  --la menor y la mayor--) de las
                  ninfeas.





il cuore: interludio milanés

1.
a la
consorte-cirujana
del cirujano que estudia
(anatomiza) el
corazón de las ballenas (un raro
hobby lombardo)
le pregunto: ¿de qué color
es el formidable
ballénico
(¿palurdo?)
músculo cardiaco del
monstruo piramidal
                                   (montañosa mole
                                   de carne congelada
                                   que la aduana libera
                                   --¡estupefacta!
                                    procedente del más
                                   interno fondo de los profundos
                                   arcanos ecuóreos de noruega)

2.
me responde: rojo-
-oscuro tirando a violeta
colore nero viola
yodo vino
tinto envasado en
frasco opaco
                       (estamos en milán:
                       llueve sobre el chiostro verde-
                       grama
                       de este palazzo degli ucelli
                       via capuccio
                       número (tal vez)
                       dieciocho (sulla destra) donde
                       se celebra el cumpleaños (compleanno)
                       refinadísimo del
                       padrone della casa
                       un party al aire libre
                       luz nocturna
                       en el chiostro rectangular
                       música en sordina
                       invitados chiacchierando
                       con toques penetrantes
                       de fellini)


3.
sí--reitera la
cirujana-asistente
(cónyuge) toda charme
y ciencia:
violeta foncé
--no rojo vivo
escarlata chillón sino
tinto cargado
profundo-oscuro-sanguinolenta
masa muscular ahora
rígida que un día pálpito sub-
oceánica o
ya emergida del vórtice cuando
gigantesca dirige
el hídrico flujo del
chorro de agua a
lo alto arrojándolo contra el cielo--
plúmbeo-translúcida
cúpula lluviosa del homérico mar salino--
cuando (mamífero prodigio)
la arrogante bucanera capitana
se eyecta del centro acuoso
y ya respira


4.
¿violeta profundo el corazón?
(yo interrumpiendo)--puede ser--
el del cachalote energuménico o
el miocardio (chi lo sá) de la
orca feroz que erguida
pavonea su banquete arremolinado
--admito:


5.
concuerdo hasta
aquí (ex corde)--pero
el de moby dick
el de la ballena blanca que navega
--dogaresa
serenísima--
en la paz pelaginosa de sus glaucos
dominios
el corazón cetáceo de la abadesa
de alta mar                   el suyo
solo puede ser azul
puro azul pulsante
zafiro compulso y celeste
azur
azurro
blau
sky blue
latiendo--desdeñoso
del arpón colérico de ahab--
hasta sumergirse refutando
la líquida negritud donde
                                             al final se adentra





Haroldo de Campos
entremilenios
Traducción: Andrés Fisher
Amargord, 2013.

lunes, agosto 21, 2017

Seis poetas santafesinas


Diciembre 31, 2001

Y la vida era esto:
salir a la vereda el treinta y uno
a las doce, ver cómo un vecino
enciende una bengala.
El brazo en alto, inmerso en la luz ígnea.
Un silencio rosado y expectante,
un fuego inmóvil el mundo.
¿Celebra? ¿Pide ayuda? Nada pasa.
Nada llega. Todo al final se apaga.
Pero aquel brazo en alto, aquella duda.
Aquella intensidad.

Beatriz Vignoli





El Alberto

Hacemos covers de poemas,
sonamos con distorsión,
estamos respirando en nuestras versiones.

Demasiados para la repartija de talento.
¿Quién nos hará callar?

Hubiera entrado en un concurso literario
pero quedé pasmada ante la lista de participantes.

No Hay Más Tragedias Que Las Propias.

Tocamos
en los bares de las aldeas
en los tugurios donde la chica que atiende
encandila con las lentejuelas de una lengua stone
donde al que le faltan algunos jugadores
mueve la pelvis like elvis
donde los adolescentes sufren el spleen
entre sus flequillos,
donde, bastante seguido,
el show aburre.

Y qué.

El punto es que el sábado espléndido
está licuándose detrás de las ventanas.
El Alberto, que es un cocker,
rasca tozudamente los mosaicos.

Un manifiesto poético, la rascada.

Carina Radilov Chirov





En el río con mi padre

Este instante
este frágil instante
como la huella de un pie mojado en la piedra caliente
resplandece tenue y firme
entre todos los demás.

El río fluye lento
los perros brillan contra el pasto
al atardecer.
El aire es un globo caliente
que se llena de sonidos.

Yo me siento a la orilla
y estoy en calma
y casi casi puedo tocar el tiempo
este instante
tibio y tenue
resplandeciendo para siempre entre todos los demás.

Cecilia Moscovich





Cada día es una fiesta en algún lugar,
procura llevar contigo esa consigna.
Meditando en ello,
mi tortuga y yo celebramos
la luz del mediodía
reflejada en una hoja de lechuga,
un trozo de tomate o zanahoria.
Así aprendió ella los colores,
por eso, cuando visto mi pollera
anaranjada, se confunde y me persigue
dentellando el aire.

Mercedes Gómez de la Cruz





Mi abuelo pensaba que solo la música clásica
era música.

Ahora se me extiende ese recuerdo
una novela
que comienza con mi padre pidiéndome disculpas.

En el piano que robábamos
con él, con su hermano y con mis primos
lográbamos que en una pieza de Liszt
sonara A hard day's night.

Irina Garbatzky





la depresión me manda postales
esas típicas, onda
wish you were here
para decirme
hola
no me olvidé de vos

Julia Enríquez




Yo soñaba con comprarme una combi. Selección de poesía santafesina contemporánea
Selección: Lucas Collosa y Gervasio Monchietti
Erizo Editora, 2013.

lunes, agosto 07, 2017

Cinco fragmentos de dos poemas de Jerome Rothenberg


Un poema de milagros (fragmentos)

7 /

Un milagro
de donde
el otro milagro
procede
la lechuza que se queda
toda la noche
en una palmera

un vuelo de pelícanos
sombras pardas
al este donde el sol
roza el océano
un milagro de cuerpos lejanos
voces del cielo
sonidos sin palabras




10 /

Un milagro de oscuridad
oculta la luz
un milagro en sí mismo
donde la inmensidad
nos rehúye
y nos sumergimos
en una búsqueda frenética

el océano cubierto
por nubes escarlatas
un milagro o no
la arena debajo
es rosa
malva o ámbar
abierta y cerrada




13 /

un milagro
que las palabras aún reverdezcan
tras una era de sequía
que la savia que asciende
colme hojas y brotes
que el sol aún brille
en la oscuridad que lo envuelve

es una ilusión     apenas conocida
una oscuridad más honda
ocultando todo
el firmamento desquiciado
un milagro
que de este sitio transitorio
haya nacido un universo




25 /

un milagro
despertar de un sueño
y contar el sueño
un milagro en sí mismo
que la flor en el sueño
sea tan ordinaria como
la flor de la vigilia

y dicha con tu voz
la palabra es una flor
tan rota y a la deriva
el sonido que reverbera
es un milagro más grande
que todo lo que el ojo mira
o la mente conoce




Un testigo más (fragmento)

7 /

yo es
ego
en otra
lengua

una percepción
fatua
de quien
es él

un día
se desmontará
y terminará
desventurado

leyendo
sus palabras
en cristal
y en aire

o mirando
el cielo
él lee
tu rostro

ojos
como fragmentos
de hielo
radiante

un dios
oculto
de boca retorcida

la palabra
es formidable                         [fur-mí-dabol]
en otra
lengua

las palabras
danzan
por el camino
dentro de mis oídos

y se detienen
al evocar
cómo hablaban
y escribían

recordados
amigos
y camaradas
que partieron hace tanto




Jerome Rothenberg
Testigo & Milagros
Traducción: Javier Taboada
Matadero, 2017.

viernes, julio 21, 2017

Fragmentos de una conversación con Augusto de Campos


Mi libro tiene un segundo título, que se lee por detrás de las letras: VIVA VAIA [viva la rechifla o viva el abucheo]. Y un epígrafe que dice: "Aquello que el público silbe [vaia], cultívelo, es usted" (firmado por J.C., que podría ser Jesús Cristo o John Cage, sin embargo no es otro que Jean Cocteau defendiendo a Satie). No se puede pretender al mismo tiempo infringir convenciones y ser bien recibido. El incomparable Fernando Pessoa -humillado en vida con un premio "de segunda categoría" en un concurso literario- escribió todo un ensayo ("Erostratus") sobre el tema. Yo diría, parafraseando sus palabras: "Cuanto más noble es el poeta, menos noble es su destino. Un poeta pequeño alcanza la fama. Un gran poeta alcanza el descrédito. Un poeta todavía mayor alcanza la desesperación. Un dios es crucificado". Bajo este aspecto, la situación media ideal para un poeta sería la del descrédito, o por lo menos, la de la fama negativa. Por lo tanto, en el fondo, el silencio de la crítica es -quién sabe- un buen augurio. Por las dudas, VIVA VAIA.





Alienación y formalismo son palabras convencionales que identifican una concepción maniquea, pseudo-marxista, y en verdad tributarias del stalinismo cultural. Infelizmente, esta es la mentalidad dominante en algunas áreas de las letras universitarias. Una orientación sociologizante y bien educada aunque desactualizada, a la que vino a sumarse el sentimiento de "mala conciencia" agudizado por los años de la represión en Brasil, creó una indisposición pretendidamente "ideológica" -en estas áreas- contra la poesía de vanguardia. Esta es considerada escapista porque no habla directamente de la realidad social brasileña y no proporciona a los regentes de nuestra literatura la catarsis emocional necesaria para aliviar sus conciencias de burgueses privilegiados en un país subdesarrollado. La música popular fue escenario de idénticos prejuicios.





Mi preocupación fundamental en relación con la poesía es intentar ser, al máximo, fiel a mi experiencia. Rechazar todas las concesiones. No mentir. Solo la más fanática devoción a su oficio justifica la existencia del poeta en sociedad, y le da autoridad y convicción para representarla, criticándola con su trabajo y oponiéndose a ella. Es para eso, tal vez, que los poetas existen, aún en tiempos de pobreza. No sé en qué medida mi producción responde a la pregunta de Hölderlin, si es que ella tiene respuesta. Pero tengo la esperanza de que algunas producciones mías vengan a sumarse a la producción de otros, de mis hermanos de raza, mayores que yo, y que desde hace muchos siglos, como Arnaut Daniel, pretendieron lo imposible: amasar el aire, amar a Laura, cazar la liebre y nadar contra la marea.





Ser escritor, en Brasil, ya es difícil. Ser poeta, una obstinación tan sin remedio y sin compensaciones, que solo es posible creyendo -como Fernando Pessoa- que se cumplen instrucciones informales del Más Allá. De cualquier modo, ser poeta para mí es ineluctable. La flor florece, la araña teje y el uirapuru, en lo profundo de la floresta, toca una vez por año su flauta para nadie. El poeta poetiza. Quieran verlo o no, él pulsa. El pulsar casi mudo.





Augusto de Campos
Poemas
Selección, traducción y estudio crítico: Gonzalo Aguilar
Gog y Magog, 2012.

miércoles, junio 21, 2017

Arco tendiendo al sentido pero sin equivalencias


Novo en el discurso del 52
habla del ave como presencia incrustada
en la historicidad

Comienza con el ruiseñor y ofrece esta transcripción
onomatopéyica de los hermanos Müller




Ahí lo inteligible no es otra cosa
que un arco tendiendo al sentido
pero sin equivalencias

La deuda de un libro
en que errancia y razón permanezcan
indeterminadas, que obra como gozne
de lo que el poema une y
dispensa de sentido

Transcripciones de una lengua truncada
para hacer justicia no a lo imputado con sentido
sino al basamento ciego que escapa

Como nuestro concepto pobre de justicia,
tal como lo conocemos, o tal como hemos querido conocerlo

debe existir un basamento común a la música, la
justicia, al ave y el poema

No es solo la variación en el estilo lo que Novo registra
sino el adelgazamiento fenomenológico del mundo




En un momento del ensayo
en sus formas de asociación Novo
hace pensar en aquel cuento de Quiroga
sobre un mono paratáctico
que era una pura bolsa de aire interrumpiendo
el contrato sonoro

Al final atendemos a la textualidad
pero descentramos su primacía

un ave es negación de toda práctica
¿cómo nos conduce? Y nos conduce




Una suerte de inconsistencia, mantos de no
traducción que sugieren
en casi todo momento, algo anterior

a la alegoría, al contenido
y al contenido por tanto

        En líneas contiguas
        como astas de una mente

en la rama sola del sicomoro, refractada
entre pájaro y línea
ahí la mente no ve un movimiento
que es disparidad
               esa ley nos entrega
por fin al animal, la interioridad
     propuesta por el traductor

el canto acumulado de los pájaros
antes del siglo veinte










Hugo García Manríquez
Poema inédito cedido por el autor para Nueva Provenza

miércoles, junio 07, 2017

Dos poemas de Gary Snyder


Construcción

Comenzamos nuestra casa a mediados de la Revolución Cultural,
la guerra de Vietnam, Camboya, en los oídos,
     gas lacrimógeno en Berkeley,
muchachos con petos de mirada asustada, pelo largo enmarañado,
[escapando de la policía
Desbastamos árboles, perforamos rocas, cavamos pozos negros,
[nos dimos saunas juntos
Terminada esa casa, continuamos,
construimos una escuela, con cien carretillas,
     organizamos seminarios sobre paleoindios de California durante
[las comidas.
Bronceamos el carácter "Mu" al estilo de la dinastía Chou
     en los soportes herrados del techo,
enterramos una vajra de cinco puntas en las escuelas
     a la vez que rezábamos y ofrendábamos tabaco.
Un incendio destruyó esos edificios, el seguro reconstruyó
     una mala copia.

Diez años más tarde nos reunimos en la margen de un prado.
La revolución cultural terminó, el pelo se lleva corto,
     la industria tiene las riendas en los bosques de la gente,
hay madres solteras que vuelven a la universidad para hacerse abogadas.
Soplando la caracola, agitando las anillas del cayado
     comenzamos las obras de una sala.
Cuarenta personas, mujeres carpinteras, trabajo infantil, martillando
[clavos,
atornillar la ondulina de acero y pulir las vigas
     con un cepillo,
la obra está terminada en tres semanas.
La llenamos de amigos y de flores y la abrimos.

Hoy, en el año del golfo Pérsico,
cuando las Mentiras y Crímenes del Gobierno se exhiben como Virtudes,
     este baile con la Materia
continúa: nuestras construcciones son sólidas, para vivir, para educar
[para educarse,
para sentarse, para conocer de veras el sonido de una campana.
Esto es historia. Esto está fuera de la historia.
Las construcciones se levantan en el momento,
     continuamente mojadas por el lago
          que lo renueva todo
fulgurantes y desnudas.

La luna recorre
sus veintiocho noches.
Pasan años húmedos y años secos;
herramientas afiladas, buen diseño.





Después de Bamiyán

Marzo 2001

El peregrino budista chino Hsüan Tsang describió a los brillantes Budas gigantes, tallados y pintados, de pie en sus nichos de piedra, en el extremo del valle de Bamiyán, cuando lo atravesó a pie, de camino a India en el siglo VII de nuestra era. La pasada semana fueron volados por los talibanes. No solo por los talibanes, sino por los puntos de vista autoritarios que recorren el planeta y niegan a la naturaleza y a la mujer y se remontan más allá de Abraham. Denis Dutton me envió este poema:

                    Ni siquiera
                    bajo fuego de mortero
                    se echan atrás.
                    Los Budas de Bamiyán
                    toman refugio en el polvo.

Que nuestras mentes se mantengan claras y tranquilas en el momento presente y honremos el polvo.



*


Abril 2001

De un hombre que escribe sobre Budismo

          Querido Gary:
     Bien, sí, pero el Dharma que se manifiesta está
     inmerso en el samsara y decaerá.
     —R.
—Contesté,
                    Ah, sí, la impermanencia. Pero eso no es nunca una razón para perder de vista nuestra compasión y atención, o despreocuparnos del sufrimiento de los demás porque sean seres meramente impermanentes. Como dice el haiku de Issa

Tsuyu no yo wa       tsuyu no yo nagara       sarinagara

                    "Este mundo de gotas de rocío
                    es solo un mundo de gotas de rocío
                    y sin embargo—"

     Este "y sin embargo" es nuestra práctica siempre. Y tal vez sea la raíz del Dharma.



*


Una persona que debería pensárselo más escribió: "Muchos occidentales sentimentales y crédulos, creo, se horrorizaron por la destrucción de las estatuas de los Budas afganos porque creen que la así llamada religión oriental es más compasiva y menos dogmática... Bien, ¿no hay nada sagrado? Solo el respeto por la vida humana y la cultura, que no necesitan permiso divino ni ningún sacerdocio para inculcarlas. La veneración extravagante de lugares y textos sagrados es un obstáculo capital para esta sencilla comprensión".

—Este es otro caso de "culpen a la víctima", contesté.
"Aquí no se cuestiona al Budismo. Las estatuas de Bamiyán son parte de la vida y cultura humanas, son obras de arte, destruidas por los idólatras del libro. ¿Hay algo "ingenuo" en respetar el arte y la cultura religiosa del pasado? Contando con la dulzura del corazón de (la mayoría de) los Budistas, usted se siente seguro vapuleando las estatuas de Bamiyán como si los talibanes no hubiesen hecho ya un contundente trabajo. Dudo que tenga usted el valor de pedir lanzar un pequeño misil contra la Kaaba. Hay personas que querrían eliminarle y usted lo sabe".



*


Septiembre 2001

                            Los hombres y mujeres
                     que murieron en el World Trade Center
                                 junto con
                     los Budas de Bamiyán
                                 Toman refugio en el polvo.





Gary Snyder
La mente salvaje (Nueva antología)
Traducción: Nacho Fernández Rocafort, Miguel Ángel Bernat,
José Luis Regojo y John Good.
Árdora, 2016. 

domingo, mayo 21, 2017

Siete poemas de Olvido García Valdés


Algunas piedras
se vuelven transparentes
con el sol, casi
transparentes. A veces,
al caminar,
me siento y las miro.
Algunas almacenan luz,
pulidas y cerradas,
como si fueran vivas. Las cojo,
están llenas de tierra
por debajo, tienen un tacto
áspero y fresco.





Umbrío el naranjo y aterida
la casa, así nombras aquello, su contigua
presencia, lugar
al que no vas. Ella sustituía
a un profesor que se suicidó luego
y siguió trabajando todo el curso
gracias a eso. Asientes,
no lo conociste tampoco,
y te quedas pensando, el suicidio
es real y carece de afectos, una decisión
y una puesta en práctica, un estado
de ánimo. Ahora, de esto
me preocupa el ritmo.





Sube el ruido de quienes asisten
a la boda, mientras la brisa mueve
ramas y hojas frente a los sillares.
Si en vez de verlo, y ver
el sol dorando bajo
las piedras y las hojas, viera solo
una foto -sillares, pináculos y un trocito
de árbol, todo bajo la luz-, me perdería,
además de la brisa, la móvil levedad
de las hojas, los vencejos chillando, las voces
que me excluyen, la sombra
que casi imperceptible se desplaza, la vida,
cómo suena, su fugitivo ojo.





a Francisco Fernández Buey

Los cuatro árboles rojos, el cielo
rojo, el sol rojo sobre la tierra
oscura. Schiele, 1917. Cómo
las fechas hablan. Sólo un año
de vida para él; para nosotros
un nuevo mundo que hemos visto
cerrarse. Ahora el siglo acaba,
año 95, 29 de junio,
amenaza tormenta, el cielo
es gris, una paloma afuera
adormilada y quieta como un gato
emite su zureo. Todo es casual,
parece melancólico probablemente
por la luz, por un ánimo
sombrío de la luz.





la choza de las calabazas
cenador de poetas
que lo efímero nombra
de ellos hace constar la noche
en que a causa del ahogo no pudo
dormir, 25 de agosto
1650, hubo
de sentarse en el lecho y encender una vela
hasta el amanecer





Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?





dice que no pudo entrar porque la hierba
había cerrado
dice que no volverá, arroz
con leche y rojas guindas,
vivimos ahora
por entero en otro sitio





Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

domingo, mayo 07, 2017

Dos poemas de Reina María Rodríguez


La feria de los cerdos

En medio de una laguna lechosa (y roja)
el puerco está esperando su final.
Juega con su hocico de puerco entre la espuma
y con sus patas traseras
que apenas pueden levantarlo
cava hoyitos de fango hacia el fondo.
Cae el agua sobre la carne que mañana será
digerida por ti, por nosotros.
(Él no lo sabe, tampoco lo presiente).
Como un niño en medio del oleaje matinal
nos espía sin malicia.
Tengo miedo de regresar y verlo allí
colgado del alambre (puerco-pájaro).
Entonces, suspiro.
Como el animal sin redención
llegaremos al abismo de la laguna humana
frente al granero.
Llegaremos al día en que desnudos nos complicaremos
como él, sin más presente
que ese hueco en el fango
(porque el pasado será toda nuestra posesión).
Nos bañaremos también en presencia de forasteros
que se reirán de nuestras imperfecciones
bajo aguas que destilan
sueños de animal que va a morir.

Burlémonos ahora.
El indefenso espera el hacha que
partirá su espinazo mañana.
Nuestra arma de ver ha sido alzada (asegurada)
y nadie la detendrá tampoco.
Imagen del puerco hundiéndose poco a poco en el lodo
soñando ser otro animal
más aceptado y doméstico
que al final, nos comeremos también.
El agua rojiza hace pagar su confianza con nuestra traición.
Chapotea, intenta convertirse en otra cosa,
fugarse por la fosa que un declive ocasional subsiona.
Identidades, permanencias.
¿Qué diferencia hallo entre ese animal y yo?
Nos contemplamos mutuamente.

El agua de la laguna falsa simula un hueco
donde se hunde el cochinito de Navidad de la repisa
y el deseo de que probaremos con su muerte,
algún manjar prohibido.





Ted lija una mesa

Intenta existir mientras Ted lija
la mesa de cuadrado perfecto
cedro negro.
La desesperación.
Intenta inventarte un cuento
para esta noche
y acurrúcate en él.
Las manos peladas de tanto lijar
esa nueva luna que no caerá sobre la mesa
ni sobre el teclado, después.
¡Qué importa que resplandezca o no,
a través de la ventana del portafolio infantil
y el viento vuelva a sacudir sus misterios, ¿nevados?!
Ted lijará pacientemente, el pavimento, el poema.
Restañará sus curvas
en tanto esa madera hostil se calcina cada día
en las virutas.

He vivido casi medio siglo con ustedes
(allí, quietecita).
Los he visto tomar el trillo una, y otra vez,
llegar cansados de sobrevivir entre las moras.
Los observo en la caricia con ese ojo feo de mentir
y siento envidia, sí.
He dormido en la misma cama.
Una cama imagino de madera clara y detrás,
aquella cortina que desplaza las nubes
al desvelo: puro satén.

Regreso de tomar otra pastilla del baño
y de rociar uno a uno,
los frijoles desperdigados por la taza
o calentar el trigo verde inflado
por el peso de los años de vana pasión.
Los vigilo.
Sentada (en cuclillas) orinas muy despacio
contra el esmalte que trae la criatura
esperada, inesperada, pero que viene.
¡Que llega al fin!

No es invierno ni llueve en Devon.
Tampoco habrá palomas en el alféizar.
"¡Con este frío!" -murmuras, calentándome.
Luego, habrá cólicos de jugos de moras
o de frutas tropicales importadas.
Todo lo habitual de un matrimonio común.
Cuando miro hacia atrás,
los veo desvestirse, sudar, ir y venir
de una quehacer a otro, "una patraña" -digo.
Dar la vuelta juntos
alrededor de una imposibilidad.

Miro tu camisa Yves Saint-Laurent
del lado opuesto, la mesa.
Decir correctamente su nombre tiene precio, un sentido.
La correlación de una marca segura contra las prendas baratas o
innombrables que doy.
Buscar una guarida, otra fórmula de resistencia
(en tu cuello, en la cornisa gris, sobre tal marca: la sal).
La emoción de otra mujer que pagó cara, la confianza.

Pero las marcas varían
y como la luna, al cambiar su ruta
declinan este cobrar tan caro
la insatisfacción, la distancia.
Tal vez, ustedes admiran
esta magia que tengo de grabar sensaciones
como un fantasma
(cuando pongo mi astucia sobre el borde del cuello
y la tela sueña, otra costra).
"Viajar por las camisas de otros hombres cosidas con cal,
-dice la intrusa- aventurarse..."
El doblez de un cuello trae su regalo,
y más tarde, un olor o desafío en el corte.
(Aunque esta Navidad, supongo, no será para mí).

Él se quita la camisa -imagino.
No necesita prendas para saber
que lo espero a las dos de la madrugada
por el filo irresistible en la madera.
Por esos ganchos (pérfidos) de la pared,
la sangre helada, que repite la historia depuesta,
por los que no tienen nada que contar.
Y entonces, escribo tu nombre
sobre la mesa rebanada por él,
con su olor pegado a la nariz,
(untada en mantequilla, como antaño)
apoyada en la baranda del Elizabeth
-su barco preferido-
viajando, viajando siempre
y alejándose de mí (de él) pero sobre todo
de ustedes.
Sobre el lado oculto de la mesa lijada ha quedado
esa marea alta de las prohibiciones que nos hicieron
ayer.
La palabra que no podré enmarcar
en una etiqueta corriente
todavía.





Reina María Rodríguez
Una cuba: cinco voces
Tsé Tsé, 2005.

viernes, abril 21, 2017

Cinco poemas de Tom Raworth


útiles máquinas de trabajo nosotros
apenas existimos para permitir
que pase el servicio de bus
ionizadores y maletines digitales
y maletines digitales y
cosas personalizadas de tres velocidades
yo supongo que
tomaría meses
denunciarlo
mi esposo dijo años
el teléfono del auto
significa privacidad personal una
herramienta de trabajo que si
es citada, por supuesto, lo es





las más encantadoras flores de primavera
una vez se pensó que mejoraban la memoria
para ayudar a enriquecer
con sus fuertes fragancias
un libro de fruta
cultivada orgánicamente
apropiada para acompañar carnes rojas
que es el porqué
un poco de jugo de limón
de los mejores ingredientes naturales
usado para combatir la fiebre
es un gran digestivo
excelente con el pescado
va bien con el pollo





dos pasteles pequeños y una tartaleta
entera salpicada con ketchup
suficiente para ellos dos
un sitio donde algo nunca descrito
miraba por la ventana
por una escasez de tópicos posibles
aparte de la más aburrida minucia
de trabajos concretos
el flujo de la historia corriendo
entre otras lecciones dolorosas
esterilizando todos los úteros
invocando metafísicas
ambos cambian
para renunciar a sus fuerzas internas





conversaciones fraseadas oblicuamente
se dejan caer por la tarde
otros lo hicieron distinto
tuvieron una criatura, un hijo
la pobreza es real pero natural
un registro de tonos destacable
aceite de máquina caliente
sol a través de la niebla
un segundo de miedo trizado
es partido en dos
a través de marcos restrictivos
llenos de un ítem particular
el sonido de otra voz
increíblemente tolerante





períodos de individualismo claramente definidos
se van con la edad, como regla
la sensación es restringida
extendida alrededor mío
el sustrato de emociones
actúan solo como porteros
interrumpidos por estrés
a diferencia de los instrumentos científicos
agarrados con las manos
derecha revertida a la izquierda
una inhibición del mecanismo del recordar
causado por escasez de oxígeno
empantana el córtex
antes que sepamos del mundo exterior





Tom Raworth
Secciones eternas
Traducción: Kurt Folch
Ediciones Tácitas, 2011.