sábado, septiembre 07, 2013

Cuatro poetas nicaragüenses


Magaly

Magaly,
frente a vos agité las manos
con el cepillo de lustrar
como si puliera un verso
en el café oscuro de tus zapatos.
Quién va a decirme, Magaly,
que es prohibido tu amor.
Cuando toco tus zapatos
es como si acariciara tu pelo.
¿Verdad que te avergonzó mi atención?
Te negaste a decirme dónde vivís, Magaly,
y para mí tu sonrisa fue como un premio.

(Wiliam Valle Picón)



Mensaje

--Qué ha pasado con nosotros, compañeros?
Ya a dos años del triunfo
y aún no he oído por la radio
los mensajes que nos prometimos.

Nos hicimos tantas promesas entonces.

Cuando triunfemos
                   --decíamos--
          y estábamos seguros de triunfar
los que quedemos vivos nos vamos a llamar por la radio.
Cuando triunfemos
          y estábamos seguros de triunfar
nos íbamos a volver a unir,
Omar con la Chavela,
Carlos con la Mirna,
la Chela con Orlando.

Cuando triunfemos
          y estábamos seguros de triunfar
vamos a hacer una fiesta.
          La fiesta no importa:
ya la celebramos con el pueblo.

Pero no me conformo: quiero verlos de nuevo.
Quiero tenerlos de nuevo.
(Si oyen estos versos,
aunque no sea por la radio,
¡contesten mi mensaje!)

(Luz Marina Acosta)



Sudorosos y enlodados

Sudorosos y enlodados,
tres días de marcha y cuatro emboscando,
pálidos, con el cuerpo lleno de piquetes,
la mochila pesando como una cruz,
pasando las postas del campamento despacio,
compañeros con la mirada nos preguntan:
¿Todos completos? Compañero ni un tiro en siete días
nada de contar.
Otros compañeros saldrán mañana a emboscar.

(Bosco Centeno)



Qué manos a través de mis manos

Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
con igual destreza vendaban una herida,
cortaban gardenias
o me suspendían en el aire feliz de la infancia.

Las manos de mi abuela paterna
artrítica ya cerca de su muerte,
una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
en atardeceres de blancas celosías
y pisos de madera olorosa a cera,
recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
de heroínas anémicas o tísicas.

Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
delicadas como alas de querube
hechas para lucirlas
con violín o batuta.

Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
pequeñas y nudosas, con dedos romos.

De tantas manos que se han venido juntanto
saqué estas manos.
¿De quién tengo las uñas, los dedos,
los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?

(Daisy Zamora)



Flor y canto. Antología de poesía nicaragüense
Selección: Ernesto Cardenal
Centro Nicaragüense de Escritores, 2006.

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