miércoles, junio 21, 2017

Arco tendiendo al sentido pero sin equivalencias


Novo en el discurso del 52
habla del ave como presencia incrustada
en la historicidad

Comienza con el ruiseñor y ofrece esta transcripción
onomatopéyica de los hermanos Müller




Ahí lo inteligible no es otra cosa
que un arco tendiendo al sentido
pero sin equivalencias

La deuda de un libro
en que errancia y razón permanezcan
indeterminadas, que obra como gozne
de lo que el poema une y
dispensa de sentido

Transcripciones de una lengua truncada
para hacer justicia no a lo imputado con sentido
sino al basamento ciego que escapa

Como nuestro concepto pobre de justicia,
tal como lo conocemos, o tal como hemos querido conocerlo

debe existir un basamento común a la música, la
justicia, al ave y el poema

No es solo la variación en el estilo lo que Novo registra
sino el adelgazamiento fenomenológico del mundo




En un momento del ensayo
en sus formas de asociación Novo
hace pensar en aquel cuento de Quiroga
sobre un mono paratáctico
que era una pura bolsa de aire interrumpiendo
el contrato sonoro

Al final atendemos a la textualidad
pero descentramos su primacía

un ave es negación de toda práctica
¿cómo nos conduce? Y nos conduce




Una suerte de inconsistencia, mantos de no
traducción que sugieren
en casi todo momento, algo anterior

a la alegoría, al contenido
y al contenido por tanto

        En líneas contiguas
        como astas de una mente

en la rama sola del sicomoro, refractada
entre pájaro y línea
ahí la mente no ve un movimiento
que es disparidad
               esa ley nos entrega
por fin al animal, la interioridad
     propuesta por el traductor

el canto acumulado de los pájaros
antes del siglo veinte










Hugo García Manríquez
Poema inédito cedido por el autor para Nueva Provenza

miércoles, junio 07, 2017

Dos poemas de Gary Snyder


Construcción

Comenzamos nuestra casa a mediados de la Revolución Cultural,
la guerra de Vietnam, Camboya, en los oídos,
     gas lacrimógeno en Berkeley,
muchachos con petos de mirada asustada, pelo largo enmarañado,
[escapando de la policía
Desbastamos árboles, perforamos rocas, cavamos pozos negros,
[nos dimos saunas juntos
Terminada esa casa, continuamos,
construimos una escuela, con cien carretillas,
     organizamos seminarios sobre paleoindios de California durante
[las comidas.
Bronceamos el carácter "Mu" al estilo de la dinastía Chou
     en los soportes herrados del techo,
enterramos una vajra de cinco puntas en las escuelas
     a la vez que rezábamos y ofrendábamos tabaco.
Un incendio destruyó esos edificios, el seguro reconstruyó
     una mala copia.

Diez años más tarde nos reunimos en la margen de un prado.
La revolución cultural terminó, el pelo se lleva corto,
     la industria tiene las riendas en los bosques de la gente,
hay madres solteras que vuelven a la universidad para hacerse abogadas.
Soplando la caracola, agitando las anillas del cayado
     comenzamos las obras de una sala.
Cuarenta personas, mujeres carpinteras, trabajo infantil, martillando
[clavos,
atornillar la ondulina de acero y pulir las vigas
     con un cepillo,
la obra está terminada en tres semanas.
La llenamos de amigos y de flores y la abrimos.

Hoy, en el año del golfo Pérsico,
cuando las Mentiras y Crímenes del Gobierno se exhiben como Virtudes,
     este baile con la Materia
continúa: nuestras construcciones son sólidas, para vivir, para educar
[para educarse,
para sentarse, para conocer de veras el sonido de una campana.
Esto es historia. Esto está fuera de la historia.
Las construcciones se levantan en el momento,
     continuamente mojadas por el lago
          que lo renueva todo
fulgurantes y desnudas.

La luna recorre
sus veintiocho noches.
Pasan años húmedos y años secos;
herramientas afiladas, buen diseño.





Después de Bamiyán

Marzo 2001

El peregrino budista chino Hsüan Tsang describió a los brillantes Budas gigantes, tallados y pintados, de pie en sus nichos de piedra, en el extremo del valle de Bamiyán, cuando lo atravesó a pie, de camino a India en el siglo VII de nuestra era. La pasada semana fueron volados por los talibanes. No solo por los talibanes, sino por los puntos de vista autoritarios que recorren el planeta y niegan a la naturaleza y a la mujer y se remontan más allá de Abraham. Denis Dutton me envió este poema:

                    Ni siquiera
                    bajo fuego de mortero
                    se echan atrás.
                    Los Budas de Bamiyán
                    toman refugio en el polvo.

Que nuestras mentes se mantengan claras y tranquilas en el momento presente y honremos el polvo.



*


Abril 2001

De un hombre que escribe sobre Budismo

          Querido Gary:
     Bien, sí, pero el Dharma que se manifiesta está
     inmerso en el samsara y decaerá.
     —R.
—Contesté,
                    Ah, sí, la impermanencia. Pero eso no es nunca una razón para perder de vista nuestra compasión y atención, o despreocuparnos del sufrimiento de los demás porque sean seres meramente impermanentes. Como dice el haiku de Issa

Tsuyu no yo wa       tsuyu no yo nagara       sarinagara

                    "Este mundo de gotas de rocío
                    es solo un mundo de gotas de rocío
                    y sin embargo—"

     Este "y sin embargo" es nuestra práctica siempre. Y tal vez sea la raíz del Dharma.



*


Una persona que debería pensárselo más escribió: "Muchos occidentales sentimentales y crédulos, creo, se horrorizaron por la destrucción de las estatuas de los Budas afganos porque creen que la así llamada religión oriental es más compasiva y menos dogmática... Bien, ¿no hay nada sagrado? Solo el respeto por la vida humana y la cultura, que no necesitan permiso divino ni ningún sacerdocio para inculcarlas. La veneración extravagante de lugares y textos sagrados es un obstáculo capital para esta sencilla comprensión".

—Este es otro caso de "culpen a la víctima", contesté.
"Aquí no se cuestiona al Budismo. Las estatuas de Bamiyán son parte de la vida y cultura humanas, son obras de arte, destruidas por los idólatras del libro. ¿Hay algo "ingenuo" en respetar el arte y la cultura religiosa del pasado? Contando con la dulzura del corazón de (la mayoría de) los Budistas, usted se siente seguro vapuleando las estatuas de Bamiyán como si los talibanes no hubiesen hecho ya un contundente trabajo. Dudo que tenga usted el valor de pedir lanzar un pequeño misil contra la Kaaba. Hay personas que querrían eliminarle y usted lo sabe".



*


Septiembre 2001

                            Los hombres y mujeres
                     que murieron en el World Trade Center
                                 junto con
                     los Budas de Bamiyán
                                 Toman refugio en el polvo.





Gary Snyder
La mente salvaje (Nueva antología)
Traducción: Nacho Fernández Rocafort, Miguel Ángel Bernat,
José Luis Regojo y John Good.
Árdora, 2016. 

domingo, mayo 21, 2017

Siete poemas de Olvido García Valdés


Algunas piedras
se vuelven transparentes
con el sol, casi
transparentes. A veces,
al caminar,
me siento y las miro.
Algunas almacenan luz,
pulidas y cerradas,
como si fueran vivas. Las cojo,
están llenas de tierra
por debajo, tienen un tacto
áspero y fresco.





Umbrío el naranjo y aterida
la casa, así nombras aquello, su contigua
presencia, lugar
al que no vas. Ella sustituía
a un profesor que se suicidó luego
y siguió trabajando todo el curso
gracias a eso. Asientes,
no lo conociste tampoco,
y te quedas pensando, el suicidio
es real y carece de afectos, una decisión
y una puesta en práctica, un estado
de ánimo. Ahora, de esto
me preocupa el ritmo.





Sube el ruido de quienes asisten
a la boda, mientras la brisa mueve
ramas y hojas frente a los sillares.
Si en vez de verlo, y ver
el sol dorando bajo
las piedras y las hojas, viera solo
una foto -sillares, pináculos y un trocito
de árbol, todo bajo la luz-, me perdería,
además de la brisa, la móvil levedad
de las hojas, los vencejos chillando, las voces
que me excluyen, la sombra
que casi imperceptible se desplaza, la vida,
cómo suena, su fugitivo ojo.





a Francisco Fernández Buey

Los cuatro árboles rojos, el cielo
rojo, el sol rojo sobre la tierra
oscura. Schiele, 1917. Cómo
las fechas hablan. Sólo un año
de vida para él; para nosotros
un nuevo mundo que hemos visto
cerrarse. Ahora el siglo acaba,
año 95, 29 de junio,
amenaza tormenta, el cielo
es gris, una paloma afuera
adormilada y quieta como un gato
emite su zureo. Todo es casual,
parece melancólico probablemente
por la luz, por un ánimo
sombrío de la luz.





la choza de las calabazas
cenador de poetas
que lo efímero nombra
de ellos hace constar la noche
en que a causa del ahogo no pudo
dormir, 25 de agosto
1650, hubo
de sentarse en el lecho y encender una vela
hasta el amanecer





Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?





dice que no pudo entrar porque la hierba
había cerrado
dice que no volverá, arroz
con leche y rojas guindas,
vivimos ahora
por entero en otro sitio





Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

domingo, mayo 07, 2017

Dos poemas de Reina María Rodríguez


La feria de los cerdos

En medio de una laguna lechosa (y roja)
el puerco está esperando su final.
Juega con su hocico de puerco entre la espuma
y con sus patas traseras
que apenas pueden levantarlo
cava hoyitos de fango hacia el fondo.
Cae el agua sobre la carne que mañana será
digerida por ti, por nosotros.
(Él no lo sabe, tampoco lo presiente).
Como un niño en medio del oleaje matinal
nos espía sin malicia.
Tengo miedo de regresar y verlo allí
colgado del alambre (puerco-pájaro).
Entonces, suspiro.
Como el animal sin redención
llegaremos al abismo de la laguna humana
frente al granero.
Llegaremos al día en que desnudos nos complicaremos
como él, sin más presente
que ese hueco en el fango
(porque el pasado será toda nuestra posesión).
Nos bañaremos también en presencia de forasteros
que se reirán de nuestras imperfecciones
bajo aguas que destilan
sueños de animal que va a morir.

Burlémonos ahora.
El indefenso espera el hacha que
partirá su espinazo mañana.
Nuestra arma de ver ha sido alzada (asegurada)
y nadie la detendrá tampoco.
Imagen del puerco hundiéndose poco a poco en el lodo
soñando ser otro animal
más aceptado y doméstico
que al final, nos comeremos también.
El agua rojiza hace pagar su confianza con nuestra traición.
Chapotea, intenta convertirse en otra cosa,
fugarse por la fosa que un declive ocasional subsiona.
Identidades, permanencias.
¿Qué diferencia hallo entre ese animal y yo?
Nos contemplamos mutuamente.

El agua de la laguna falsa simula un hueco
donde se hunde el cochinito de Navidad de la repisa
y el deseo de que probaremos con su muerte,
algún manjar prohibido.





Ted lija una mesa

Intenta existir mientras Ted lija
la mesa de cuadrado perfecto
cedro negro.
La desesperación.
Intenta inventarte un cuento
para esta noche
y acurrúcate en él.
Las manos peladas de tanto lijar
esa nueva luna que no caerá sobre la mesa
ni sobre el teclado, después.
¡Qué importa que resplandezca o no,
a través de la ventana del portafolio infantil
y el viento vuelva a sacudir sus misterios, ¿nevados?!
Ted lijará pacientemente, el pavimento, el poema.
Restañará sus curvas
en tanto esa madera hostil se calcina cada día
en las virutas.

He vivido casi medio siglo con ustedes
(allí, quietecita).
Los he visto tomar el trillo una, y otra vez,
llegar cansados de sobrevivir entre las moras.
Los observo en la caricia con ese ojo feo de mentir
y siento envidia, sí.
He dormido en la misma cama.
Una cama imagino de madera clara y detrás,
aquella cortina que desplaza las nubes
al desvelo: puro satén.

Regreso de tomar otra pastilla del baño
y de rociar uno a uno,
los frijoles desperdigados por la taza
o calentar el trigo verde inflado
por el peso de los años de vana pasión.
Los vigilo.
Sentada (en cuclillas) orinas muy despacio
contra el esmalte que trae la criatura
esperada, inesperada, pero que viene.
¡Que llega al fin!

No es invierno ni llueve en Devon.
Tampoco habrá palomas en el alféizar.
"¡Con este frío!" -murmuras, calentándome.
Luego, habrá cólicos de jugos de moras
o de frutas tropicales importadas.
Todo lo habitual de un matrimonio común.
Cuando miro hacia atrás,
los veo desvestirse, sudar, ir y venir
de una quehacer a otro, "una patraña" -digo.
Dar la vuelta juntos
alrededor de una imposibilidad.

Miro tu camisa Yves Saint-Laurent
del lado opuesto, la mesa.
Decir correctamente su nombre tiene precio, un sentido.
La correlación de una marca segura contra las prendas baratas o
innombrables que doy.
Buscar una guarida, otra fórmula de resistencia
(en tu cuello, en la cornisa gris, sobre tal marca: la sal).
La emoción de otra mujer que pagó cara, la confianza.

Pero las marcas varían
y como la luna, al cambiar su ruta
declinan este cobrar tan caro
la insatisfacción, la distancia.
Tal vez, ustedes admiran
esta magia que tengo de grabar sensaciones
como un fantasma
(cuando pongo mi astucia sobre el borde del cuello
y la tela sueña, otra costra).
"Viajar por las camisas de otros hombres cosidas con cal,
-dice la intrusa- aventurarse..."
El doblez de un cuello trae su regalo,
y más tarde, un olor o desafío en el corte.
(Aunque esta Navidad, supongo, no será para mí).

Él se quita la camisa -imagino.
No necesita prendas para saber
que lo espero a las dos de la madrugada
por el filo irresistible en la madera.
Por esos ganchos (pérfidos) de la pared,
la sangre helada, que repite la historia depuesta,
por los que no tienen nada que contar.
Y entonces, escribo tu nombre
sobre la mesa rebanada por él,
con su olor pegado a la nariz,
(untada en mantequilla, como antaño)
apoyada en la baranda del Elizabeth
-su barco preferido-
viajando, viajando siempre
y alejándose de mí (de él) pero sobre todo
de ustedes.
Sobre el lado oculto de la mesa lijada ha quedado
esa marea alta de las prohibiciones que nos hicieron
ayer.
La palabra que no podré enmarcar
en una etiqueta corriente
todavía.





Reina María Rodríguez
Una cuba: cinco voces
Tsé Tsé, 2005.

viernes, abril 21, 2017

Cinco poemas de Tom Raworth


útiles máquinas de trabajo nosotros
apenas existimos para permitir
que pase el servicio de bus
ionizadores y maletines digitales
y maletines digitales y
cosas personalizadas de tres velocidades
yo supongo que
tomaría meses
denunciarlo
mi esposo dijo años
el teléfono del auto
significa privacidad personal una
herramienta de trabajo que si
es citada, por supuesto, lo es





las más encantadoras flores de primavera
una vez se pensó que mejoraban la memoria
para ayudar a enriquecer
con sus fuertes fragancias
un libro de fruta
cultivada orgánicamente
apropiada para acompañar carnes rojas
que es el porqué
un poco de jugo de limón
de los mejores ingredientes naturales
usado para combatir la fiebre
es un gran digestivo
excelente con el pescado
va bien con el pollo





dos pasteles pequeños y una tartaleta
entera salpicada con ketchup
suficiente para ellos dos
un sitio donde algo nunca descrito
miraba por la ventana
por una escasez de tópicos posibles
aparte de la más aburrida minucia
de trabajos concretos
el flujo de la historia corriendo
entre otras lecciones dolorosas
esterilizando todos los úteros
invocando metafísicas
ambos cambian
para renunciar a sus fuerzas internas





conversaciones fraseadas oblicuamente
se dejan caer por la tarde
otros lo hicieron distinto
tuvieron una criatura, un hijo
la pobreza es real pero natural
un registro de tonos destacable
aceite de máquina caliente
sol a través de la niebla
un segundo de miedo trizado
es partido en dos
a través de marcos restrictivos
llenos de un ítem particular
el sonido de otra voz
increíblemente tolerante





períodos de individualismo claramente definidos
se van con la edad, como regla
la sensación es restringida
extendida alrededor mío
el sustrato de emociones
actúan solo como porteros
interrumpidos por estrés
a diferencia de los instrumentos científicos
agarrados con las manos
derecha revertida a la izquierda
una inhibición del mecanismo del recordar
causado por escasez de oxígeno
empantana el córtex
antes que sepamos del mundo exterior





Tom Raworth
Secciones eternas
Traducción: Kurt Folch
Ediciones Tácitas, 2011.

viernes, abril 07, 2017

Cuatro poemas no recogidos en libro de Carlos Martínez Rivas


Nostalgia en las sierras
-Carretera sur, km 12-

En la vereda el rubí de una bicicleta arde
a los focos del auto que acelera entre los árboles
apareciendo desapareciendo reapareciendo...

Desde aquí y tan poca cosa, pero a ti destinada.

mnga
nica
1963





Chicanos

Los pobrísimos
matrimonios
bautizando
a sus niñas.
Buscar hallar
al fin un nombre
como CYNTHIA!
Y volver a la
miserable lucha.

l.a.
cal.
1959





Canastas

Esas mujeres viejas y voluminosas
que pasan ida y vuelta todos los días
temprano y al oscurecer, amontonadas
en el depósito trasero de camiones,
entre grandes canastas llenas y vacías;

las reconozco.

Esas mujeres fueron niñas. Niñas de rodillas
puntudas y renegridas, que yo pude haber visto.
Sí, que de seguro vi pasar,
allá por los mil novecientos treintaisiete,
con la pasión mórbida de la infancia.
Pasión que pierdes una vez y ya no recuperas.

Esas mujeres -te decía- que veo pasar
temprano y al oscurecer de ida y de vuelta
entre canastas llenas y vacías;
igual ahora hasta morir antes que nazcan,
no conocerán de la vida más que eso:
el bregar diario que despierta antes
que sus párpados, desgarrándoles el sueño.
Las madrugadas implacables. Los traseros
de camiones. Las eternas canastas.

altamira
marz 1986





Los perdedores caen en la lona

Ser el ganador es una vulgaridad.

Yo, personalmente, me sentiría abochornado
si me levantaran el brazo ante la multitud
en el cuadrilátero bajo una luz de oprobio.

¿Por qué?
¿Porque derribé a un luchador solitario
que ni siquiera combate conmigo
sino consigo
y a lo mejor era mejor que yo?
¿Por qué no le levantan el brazo también
al que está en la lona caído
si peleó lo mismo?

Gene Tunney era mejor que Dempsey.
No un bruto. Un científico. Un poeta
que escribe en su autobiografía, Arms for living:
"Allí estás solo.
No hay amigos allí. Te la juegas sin nadie.
No hay partidarios excepto tus brazos."

El perdedor estudió su técnica en anteriores
combates. La suya y la del adversario.
Las comparó en rollos de películas proyectadas
en el comedor, después de la cena, con sus hijos.
Niños de ardientes pómulos confiados en su fuerza.

Seguros de la victoria del padre.

Pero tal vez el perdedor estaba
perdidamente enamorado de su esposa
y roto por el insomnio. Como Jack Brennan.
-Sí. Jack Brennan.

Y durmió mal la víspera del encuentro.
No le respondieron los reflejos.
Se le agarrotaron los reflejos.
Se le agarrotaron los tendones del muslo.
Demasiado clinch.
Deficiente trabajo de piernas y juego de cintura
frente al otro: sereno, manteniendo
la guardia ortodoxa sobre la pierna izquierda
hasta el gancho mortífero,
como el gesto del embozado en el cartón de Goya.

El sudor del esfuerzo espaldar.
El tallado torso refulgente como diamante.
Un prisma proyectando un espectro de brazos
como luz en haces.

Pero nadie sabe que uno piensa cuando boxea.
Piensa en una caja de música de niños
y una esposa en trámites de divorcio.
Sentada Dios sabe dónde.
Dos ojos neutros en trámite de divorcio.

Ganar: vergüenza profesional.
Perder: destino sin concesiones.
Si todos somos, nadie es más grande.
Si la victoria de uno es la derrota de otro,
toda victoria es, en algún lugar,
un fraude.

altamira
enro
1984





Carlos Martínez Rivas
Años diez. Revista de poesía, número dos, otoño 2015.

lunes, marzo 20, 2017

Cinco poemas de Claudio Daniel


Osaka

campanas
despiertan
los peces.

el incienso
atraganta
al buddha.

las flores
en el altar
sueñan

el nirvana.





Tabi

el viento
azota
bambús:

danzan
sombras.

en el tallo
del frijol,
el relámpago

resbala
la luna.

el gato
imita
al tigre:

rumor
de aves.

blancos
vientos
lácteos:

el cuello
del cisne.

el fuji
apuñala
la niebla:

hilachas
de blanco.

en el sueño,
el monje
en viaje:

todo
es espejismo.





Kioto

medialuna.

pétalos
en el jarrón
de laca.

un canto
de grillo
en la hierba.

el biombo
nanquín-
plateado.

alborozo
discreto
de sedas.

tus pies
confortan
un gato.





Virus

el
virus
el vivo virus
en la vulva -pústula-
lepra encendida, que arde, arde
en el papel; piojos
en el blanco orificio del cero
así es el tosco oficio
del fácil, virus fútil
que, para algunos
es poesía





Zauberbuch

A Jorge Luis Borges

Todos
los libros
-los Sutras, el Corán,
los Vedas, el Zohar-
son enigmas: jardines verticales,
ríos insumisos,
rayas de mármoles posesos;
todas las páginas
-en hojas de arcilla, piel de carnero,
pliegos de papiro o rubio oro esculpido-
son imposibles,
viscerales, arena alucinada.
Los libros, Borges, inventan los lectores
y los nombres de valles, sabanas, estepas
y de amplias avenidas que ignoramos;
vivimos esa efímera realidad
para leernos sus secretas líneas,
y así nuestros hijos y nietos.
Un día, sin embargo, los libros
-últimos demiurgos- desaparecerán,
como el grifo y el unicornio
y leer será solo leyenda.





Claudio Daniel
Yume
Traducción: Víctor Sosa
Calygramma, 2014.

domingo, marzo 12, 2017

Desdoblamiento (fragmentos)


Tienes que oír el sonido antes de tocarlo.
Tienes que oír tienes que hacerlo tienes que oír para
oír tienes que dar tienes que dar oído tú
que tienes tú que tienes un oído tú que tienes un oído para
oír tienes que dar tu oído para oír al viajero tienes
que hacerlo tienes que tienes que dar oído tú que
tienes un oído para oír al viajero que es un pájaro para
oír al viajero que es un pájaro que canta.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.

Tienes que oír el sonido antes de tocar antes
de moverte antes de mover las manos antes de
moverte con las manos tienes que oír el sonido antes
de moverte de aplaudir antes de aplaudir con las manos.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.



Tienes que oír tienes que hacerlo tienes que oír para
oír tienes que dar tienes que dar oído tú
que tienes un oído tú que tienes oído para oír
tienes que dar tu oído para oír al viajero para
oír al viajero que es un pájaro que es un pájaro que
canta invisible que no puede ser
prestado que es un pájaro que canta que es
un pájaro invisible que no puede ser prestado.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.

Antes de moverte antes de mover las manos antes
de moverte con las manos tienes que oír el sonido antes
de moverte antes de moverte con antes de aplaudir con
las manos antes de aplaudir con alegría con las manos.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.



Tienes que oír tienes que hacerlo tienes que oír para
oír tienes que dar oído tú que tienes
un oído para oír tienes que dar oído para oír
al viajero para oír al viajero que
es un pájaro que es un pájaro que canta
invisible que no puede ser prestado que no puede
romperse que es un pájaro invisible
que no puede ser prestado que no puede romperse.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.

Antes de moverte antes de mover las manos antes
de moverte con las manos tienes que oír el sonido antes
de aplaudir antes de aplaudir con alegría con las manos
antes de moverte con la vibración del aire.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.



Tienes que oír tienes que hacerlo tienes que oír para
oír tienes que dar tú que tienes
un oído para oír tienes que dar oído para oír
al viajero que es un pájaro que es un pájaro que
canta invisible que no puede ser prestado
que no puede romperse que es un pájaro
invisible que no puede ser prestado
que no puede romperse que no puede repararse.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.

Antes de moverte antes de mover las manos antes
de moverte con las manos tienes que oír el sonido antes
de aplaudir antes de aplaudir con alegría las manos antes
de moverte en la vibración del aire.

Si llamas al pájaro y si llamas al pájaro
y lo esperas: el sonido está ahí.



John Taggart
Paz en la Tierra
Traducción: Ricardo Cázares
Mangos de Hacha, 2017.

domingo, marzo 05, 2017

Siete poemas de Jaime Luis Huenún


Bandadas de sicarios
rodearon mi edificio.

Bajaron en sus motos
del Cerro de la Cruz.

Miré yo la llovizna,
los autos, los caminos,

las ávidas pupilas
de un pálido gorrión.





No le pidan más dinero a la poesía,
no más viajes y subsidios, no más luces;
ya la pobre se ha quedado en bancarrota,
ni una papa encontrarán en su alacena.
Déjenla que se vaya por el mundo,
toda coja, toda enclenque, toda seca,
vieja, sola y afirmada en su bastón.
Se acabó la bonanza, proxenetas,
oh, malditos desleales, azulosos
y barbudos palabreros del montón.





En sellada vasija de formol
enviamos la cabeza de Atahualpa
a tu nuevo domicilio.
La robamos al clan de Montesinos
que mercaba en la frontera
las reliquias del imperio.
¡Pobre diablo, loca y triste
sabandija de altiplano!
Un marrano de la selva vale más
que sus viles palabras
y sus pactos.
Ahora es tuya la cabeza del inca degollado.
Ahora es tuya su mirada,
su vencida y larga cabellera
sin afeites ni cintillos
que delaten su abolengo.
No la vendas a los yanquis
o a los ávidos huaqueros colombianos.
Ese cráneo es más valioso
que la ampolla de morfina
que te inyectas por las noches.
Guárdala de los rateros y las moscas
que hacen nata en la choza donde vives.
Un gobierno carnal en el exilio
crecerá sin fin de esa cabeza.





Vivir en Ciudad Fanon no era más
que vaciarnos de sudor y de memoria.
Era ir los viernes por la noche
a los tambos cuzqueños olvidados
y mercar allí, sin dios ni ley,
los poderes infinitos de la coca.
Con los chasquis bebíamos cachaza
de favelas sitiadas por la DEA.
Escribíamos después en las murallas:
"Your name is puta$, your name is OKAZO".





Seguimos el Sendero Luminoso
convocados por los apus
de los cerros de Ayacucho.
Nos armamos con los rifles de Guzmán
y huaracas que tejimos
con pulido cuero andino.
En la sierra se unieron a nosotros
tribus campas, gente quechua
y unos vagos morenos amazónicos
que debían varias cuentas a la ley.
Nos barrieron en El Yuro sin piedad,
y dejaron nuestros cuerpos
al arbitrio de las moscas,
al regalo de los buitres.
Desde entonces caminamos sin destino
por los guetos y las ferias
de los zambos cimarrones.
Y en las noches robamos las monedas
a la sucia y fea fuente
de las viejas utopías.





No hay quizá nada peor
que el que busca fama y gloria
escribiendo poesía.
Superado sea tal vez por petimetres
que se excitan con la destrucción del mundo,
contemplándolo gozosos
en modernas obras de arte.
Pero no, no hay quien alcance
al rapsoda insatisfecho
que nos lee en alta voz
sus ardientes manuscritos.
Convencido de su tono,
del olímpico fulgor de sus palabras,
se diría que está listo
para un sitio distinguido
en la morgue luminosa
de la eternidad.





Los árboles y los poemas pasarán
sin una pizca de pena,
sin ni un asomo de gloria,
así como pasan ahora
las muertas, veloces estrellas
en la noche infalible
de un desierto polar.





Jaime Luis Huenún
La calle Mandelstam y otros territorios apócrifos
Fondo de Cultura Económica, 2016.

martes, febrero 21, 2017

Diez fragmentos de los diarios de Marina Tsvietáieva


Cuando me voy de una ciudad, tengo la impresión de que se acaba, deja de existir. Así fue con Friburgo, por ejemplo, donde estuve de niña. Alguien cuenta: «En 1922, cuando de paso por Friburgo...». Mi primer pensamiento: «¿De veras?». (Es decir: ¿de veras él, Friburgo, existe, continúa existiendo?). No es arrogancia, sé que en la vida de las ciudades - no soy nada. No es: ¡¿sin mí?! sino: ¡¿por sí?! (Es decir: ¿de verdad existe, al margen de mis ojos existe, no lo inventé yo?).



*

Mis robos en el Comisariado: dos maravillosas libretas de cuadrícula (amarillas, laqueadas), una caja entera de plumas, una frasquito de tinta roja, inglesa. Con ellos escribo.



*

La gratitud: de la admiración a la impugnación.

Solo puedo admirar la mano que da lo último que tiene, por lo tanto: jamás puedo sentirme agradecida con los ricos.

...Si acaso por su timidez, por su aire culpable que de inmediato los hace inocentes.



*

14 de julio de 1919.

Anteayer supe por Balmont que el responsable del «Palacio de las Artes», Rukavíshnikov, había tasado mi lectura de Fortuna - una obra original, nunca antes leída, la lectura duró cuarenta y cinco minutos, tal vez más - en sesenta rublos.

Decidí renunciar - públicamente - a ellos con las siguientes palabras: «Quédese usted con estos sesenta rublos -  para tres libras de patatas (¡tal vez aún las encuentre a veinte rublos!) -  o para tres libras de frambuesas - o para seis cajitas de cerillas y yo, con sesenta rublos míos, le pondré una vela a la Virgen de Iversk por el fin de un régimen en el que así se valora el trabajo».



*

A mí no me compras. Eso es lo esencial. A mí se me puede comprar solo con la esencia. (Es decir - ¡mi esencia!). Con pan se puede comprar: hipocresía, falsos esfuerzos, amabilidad, - toda mi espuma... o los residuos espumosos.

Comprar es emanciparse. De mí no te emancipas.



*

No me dejaron leer mis versos para él durante la ceremonia. Estaba Kámeneva y alguien más. Nemírochiv Dánchenko se exaltaba y dubitaba: por un lado - el «número», por el otro - el calabozo.

          No se acercó a la plebe con el pan y la sal.
          Y se cruzó con ella - ¡por el tedio del noble!
          En el reino sombrío de las «manos callosas» -
          Sus exquisitas manos...

-Si pudiéramos omitir eso...
-No se puede, es lo más importante.

Pero yo no insistí: Stajóvich no estaba en la sala.

Copié mis versos para su gentil hermana, - la única que los necesitaba. Hablar en público siempre es para mí una prueba, ¡es normal con mi asco por los espectáculos y la vida social! No es mi timidez: es una especie de incómoda incomunicación: stranger hear [sic]. 



*

Hay que escribir solo aquellos libros por cuya ausencia se sufre. En una palabra: los propios libros de cabecera. 



*

Solo el cuerpo le teme a la muerte. El alma no la concibe. Por esto, en el suicidio, el cuerpo - es el único héroe.



*

Cuando me preguntan: ¿quién es su poeta preferido?, primero me atraganto, y luego suelto de golpe una docena de nombres alemanes. Para responder de inmediato, me harían falta diez bocas que hablaran a coro, al mismo tiempo. El derecho de precedencia de los poetas en el corazón es mucho más cruel que en la corte. Cada uno quiere ser el primero, porque es el primero, cada uno quiere ser único, porque no hay segundo. En mí Heine siente celos de Platen, Platen de Hölderlin, Hölderlin de Goethe, solo Goethe no siente celos de nadie: ¡es Dios!



*

La gente de teatro no soporta cómo leo mis poemas. «¡Los destroza!». No entienden, mercachifles de versos y de sentimientos, que la tarea del actor y la del poeta son - distintas. La tarea del poeta: tras descubrir - encubrir. La voz es para él una coraza, un antifaz. Sin el velo de la voz - está desnudo. El poeta siempre borra las huellas. La voz del poeta - como agua - apaga el incendio (de la poesía). El poeta no puede declamar: es vergonzoso e insultante. El poeta - es un solitario, el escenario es para él - la picota. ¡¿Ofrendar su poesía con la voz (¡el más perfecto de los conductores!), utilizar a Psique para el éxito?! ¡Ya tengo bastante con el gran compromiso de la escritura y la publicación!

- ¡No soy el empresario de mi propia deshonra! -

Pero el actor - es otra cosa. El actor es - prescindible. En la misma medida en que el poeta es - être, el actor es - paraître. El actor es - vampiro, el actor es - hiedra, el actor es - pólipo. Pueden decir lo que quieran: jamás creeré que Iván Ivánovich (¡y todos son Iván Ivánovich!) cada noche se empeña en sentirse Hamlet. El poeta es prisionero de Psique, el actor quiere hacer prisionera a Psique. Y finalmente, el poeta es - un fin en sí mismo, reposa en sí mismo (en Psique). Pónganlo en una isla - ¿dejará de existir? Pero qué espectáculo desolador: una isla - ¡y un actor!

El actor es - para los otros, sin los otros es inconcebible, el actor - se debe a los otros. El último aplauso - es el último latido de su corazón.

La tarea del actor dura - una hora. Debe apresurarse. Y sobre todo - aprovecharse: de lo suyo, de lo ajeno - ¡da igual! Un verso de Shakespeare, su propia pierna agarrotada - ¡todo va al mismo caldero! ¿Y con este dudoso brebaje me proponen ustedes que me embriague, a mí, poeta? (No hablo de mí, ni por mí: ¡por Psique!).

No, señores actores, nuestros reinos son - distintos. Para nosotros - la isla sin fieras, para ustedes - las fieras sin isla. ¡No en vano a ustedes, antaño, los enterraban fuera del recinto de la iglesia!





Marina Tsvietáieva
Diarios de la Revolución de 1917
Traducción: Selma Ancira
El Acantilado, 2015.

martes, febrero 07, 2017

Cinco poemas de Si Kongtu


Lo delicado y lo exuberante

infinitos son los brillos, las aguas fluyen,
    densa y salvaje la primavera ocupa

si te retiras a la profundidad del valle
    es posible que aparezca la beldad

cargado está el árbol de melocotones esmeralda
    y a la orilla del agua todo es brisa, todo es sol

sombras de los sauces, recodos del camino
    pájaros que en bandada se aproximan

persigue todo eso, adelántate
    más allá del intelecto está lo genuino

acuérdate siempre porque entonces
    con lo viejo, lo nuevo construirás




El clasicismo y la elegancia

recoge la primavera en ánfora de jade
    y disfruta de la lluvia al calor de tu cabaña

hospeda a los letrados virtuosos
    y que te rodeen finísimos bambúes

blancas las nubes comienza la claridad
    los pájaros se persiguen los unos a los otros

duerme el laúd sobre la verde sombra
    se arroja una cascada desde lo alto

las flores caen también enmudecidas
    tú, hombre sencillo como los crisantemos,

escribe sobre el esplendor de las estaciones
    ¡y ojalá tu obra se merezca ser leída!




Lo puro y lo extraordinario

un bello y hermoso pinar se refleja
     y ondea sobre las aguas

los copos de nieve van cubriendo los bambúes
    algunas barcas se agrupan en la ensenada

un hombre respetable como el jade
    se dirige en sandalias hacia el rincón secreto

a veces se detiene contemplando el horizonte
    allá lejos, el cielo es de color esmeralda

espíritu en el que afloran las antiguas maravillas
    es tal la limpidez que resulta inaprehensible

igual que el último brillo de la luna en el alba
    igual que el soplo vital cuando el otoño declina




La distancia y la deriva

solo y olvidado, aléjate del comienzo
    orgulloso y firme, sepárate de los hombres

igual que la grulla en el monte Gou
    o las nubes en la cima del monte Hua

hombre distinguido, en tu interior benevolente
    de claro y fino rostro entre vapores y brumas

cabalga el viento como la planta seca que rueda
    interminablemente a la deriva

sabes que lo que no puede ser atrapado
    puede ser, sin embargo, oído

aquel que esto comprende, lo espera simplemente
    pero el que quiere poseerlo, al fin se alejará




La expansión y la alegría

de una vida de unos cien años
     ¿en qué punto exactamente estás?

el placer y la alegría duran poco
    ¡y es tanta la tristeza!

mejor, cada día, con una copa de vino
    penetra en los campos rodeados de niebla

o allí donde las flores cubren los tejados de paja
    atraviesa la lluvia llegando desde lejos

y cuando tires la copa ya vacía
    apóyate en tu bastón y márchate cantando

¿quién no siente la vejez?
    ¡sólo el Monte Sur, esa imponente y altísima montaña!




Si Kongtu
Las veinticuatro categorías de la poesía
Preludios de Gong Bilan
Edición de Pilar González España
Trotta, 2012.

sábado, enero 21, 2017

Cuatro poemas de Leandro Llull


En el camping del Sindicato de Camioneros

A veces se me da por pensar que esos jilgueros,
esas calandrias que escuchaba de pibe
cuando íbamos al camping del Sindicato de Camioneros
se parecen mucho a mis maestros.
Altos, perdidos entre la luz y la sombra,
ubicuos en cada rama,
soltaban su melodía como un hilo inasible,
y yo desde abajo, sin ver, apenas oyendo
esa aguda minucia mezcla de sol y de música,
trataba de imitarlos y silbaba como un ciego,
como un sordo que no entiende el aire entre los labios.
Esos benteveos, esas tacuaras
que cintilaban igual que estrellas, inalcanzables,
perdidos en el tiempo de una tarde de domingo,
dejaban el recuerdo de sus plumas
y saltaban desde lo oscuro hacia un claro celeste
lavando mis silbidos como si fueran
el negro murmullo de las cotorras
cuando la mañana tibiamente asciende.




Mapaches y elefantes

Hablamos con un amigo acerca de qué cosa sea la belleza
y le cuento que una tarde, acompañado de una tía,
en la trastienda de un circo viejo,
tomé un puñado de yuyos del baldío
y lo acerqué temblando a la boca de un elefante.
Le juro que en ese fondo abierto entre la trompa y los colmillos
sentí el resplandor negro de todo lo perfecto.
Él me responde: "Eso es lo sublime, hermano",
y en sus ojos oscuros y ojerosos como los de un mapache
yo veo un abismo brillante y sincero
al que mi corazón se arroja,
y pruebo de nuevo aquel bocado que mi mano obtuvo
en un viaje lento, humedecido
por el aliento de lo bello.




Lanchas

La lancha va sobre el río
como un perro que nada con un hueso,
la cabeza tambaleante, los dientes apretados,
las patas hundidas que se agitan.
Y en la proa nosotros avanzamos
buscando el final de la luz,
la habitación del sol
donde soltar el ladrido transparente,
el mordisco dulce al aire que suspira
su perfume verde por el monte.




Ninjas

En la Biblioteca Popular
para el Desarrollo Social
jugamos con Maxi a los ninjas y él
es el negro, porque el negro
es el bueno, y yo
soy el blanco, el color del malo.
En la mañana de invierno
el sol es un témpano
radiante y tibio que entra
por la puerta vidriada,
y tomamos de la luz la alegría,
la respiramos entre el rechinar
del mosaico y el pasar del colectivo,
hasta que vemos a una mujer
pedaleando una bici que lleva
un carrito enganchado
donde entre cartones juntados para la venta
viajan dos nenas -sus manitos asoman
a través del tejido-,
y avanzando se van por Marco Polo
desde el lado del río,
bajo el día espléndido.



Leandro Llull

Maratón
27 Pulqui, 2016.

A los pibes crudos
Ediciones Vox, 2015.

sábado, enero 07, 2017

Tres poemas de Frank O'Hara


Autobiografía literaria

Cuando era niño
jugaba sin compañía
en una esquina del patio escolar
completamente solo.

Odiaba los muñecos y
los juegos, los animales
no eran amistosos y los pájaros
se iban volando.

Si alguien me buscaba
me escondía detrás de
un árbol y gritaba "Soy
un huérfano".

Y aquí estoy, ¡el centro
de toda la belleza!
¡Escribiendo estos poemas!
¡Imagínense!

1949 o 1950



Animales

Olvidaste cómo éramos entonces
cuando todavía éramos espléndidos
y el día llegaba hinchado como una manzana en la boca

no sirve preocuparse del Tiempo
pero sí teníamos algunos ases bajo la manga
y doblábamos algunas esquinas afiladas

todo el pastizal parecía nuestro alimento
no necesitábamos velocímetros
hacíamos cocteles con hielo y agua

No querría ser más veloz
ni más joven que ahora si estuvieras conmigo O tú
fuiste lo mejor de mis días

1950




Escultura heróica

Confluimos con los animales
no cuando cogemos
                 o cagamos
ni cuando soltamos lágrimas

sino cuando
                      mirando fijamente la luz
                      pensamos

1958




Frank O'Hara
The Collected Poems
University of California Press, 1995.
Traducción: Andrea Alzati
Versiones inéditas cedidas por la traductora para Nueva Provenza.